Muchos de ellos, en tiempos, fueron los tesoros de los niños de siglos pasados, heredados o conseguidos en cacharrerías, chamarilerías y en el rastro. Otros son réplicas de los juguetes que alegraban las tardes y fines de semana de los chavales de los siglos XIX y XX que nada entendían de videoconsolas. Sus sonidos metálicos, de latón, timbraron la banda sonora infantil de varias generaciones. Y, ahora, han sido reunidos por dos coleccionistas, Francisco Gil y el periodista radiofónico Luis Figuerola-Ferreti, quienes han acondicionado la famosa Casa de las Flores de la plaza Mayor de Candeleda (Ávila) como el Museo del Juguete de Hojalata. Un monumento a la infancia nostálgica, la infancia de hojalata.
Los periodistas radiofónicos Luis Figuerola-Ferreti y Javier Capitán son los encargados de inaugurar hoy este original museo, en un acto al que ha sido invitada una de las familias jugueteras con más solera de España, la familia Payá, fabricante de varias de las piezas que se exhiben en este curioso museo.
Francisco Gil confiesa que la idea de crear el Museo del Juguete de Hojalata es uno de esos proyectos que se gestan por sí solos, casi como por evolución natural, y que ha tardado dos años en hacerse realidad. Él atesora más de 1.000 juguetes, y Luis Figuerola-Ferreti, unos 250 “con antigüedades de 60 ó 100 años”.
Ambos, explica Gil, han trabajado “a conciencia para organizar, catalogar y documentar los numerosos juguetes y piezas de estas colecciones, guardadas con esmero para presentar lo que antes parecía una quimera y ahora es una realidad: un museo de juguetes de hojalata, que todos los vecinos y visitantes de Candeleda podrán disfrutar, además, en una casa de arquitectura popular perfectamente conservada y con entrañables recuerdos para mí”.
Esta iniciativa, que cuenta con el apoyo de Caja de Ávila y el Ayuntamiento de Candeleda, pretende ser un punto de reencuentro con la nostalgia de la niñez para los mayores, el redescubrimiento de los juguetes de su época, y una novedad para los más pequeños.
El museo reúne cerca de 2.000 piezas, de las cuales unas tres cuartas partes son juguetes de hojalata. Pero también se encuentran otros objetos de finales del siglo XIX y principios del XX que ayudan a contextualizar al visitante la época en al que vivieron los niños que soñaban y jugaban con los juguetes de hojalata.
Tanto Gil como Figuerola han recolectado las piezas de sus colecciones en jugueterías, cacharrerías y hasta en tenderetes de feria de posguerra. El periodista pensó luego que sería bonito exponer el fruto de esta búsqueda incesante, convertida en preciado tesoro, en Candeleda, donde pasó buena parte de su niñez.
Corazón de latón
La muestra se divide en tres secciones. La primera de ellas se titula ‘Infancia de hojalata’ y está compuesta por los objetos de la colección privada de Luis Figuerola-Ferreti. Además de mostrar su colección, el periodista ofrece la oportunidad de descubrir sus impresiones sobre cada una de las piezas en la web www.valletietar.com/casadelasflores, donde desvela que, de todos los juguetes que tiene ahora, tan sólo dos proceden de su infancia: el motorista y el taxi de pueblo.
Para Figuerola-Ferreti, “nunca acaba uno de romper amarras con esa patria que es la infancia; y las patrias tienen su bandera, que para mí se encarnaba en juguetes de hojalata como las tartanas, motoristas, autobuses, cochecitos, camiones y otras muchas piezas de marcas legendarias como Payá, Rico, San Juan o Verdú Jyesa”.
La segunda parte del Museo del Juguete de Hojalata se dedica a ‘Juguetes del Mundo’, donde se encuentra el grueso de la exposición. Con más de mil piezas, esta sección se dedica a la “evolución de los juguetes”, explica Francisco Gil.
Así, se detalla “el dónde y cómo se han perfeccionado, su adaptación a las necesidades y normativas del mercado –por ejemplo, en la posguerra, algunos juguetes de latón se llamaban ‘juguetes de bote’ porque estaban hechos con botes reciclados- o su ingenio para reproducir a escala los gustos y aparatos de cada época”.
En este apartado se incluyen piezas combinadas con madera y plástico, así como una curiosa colección de juguetes mecánicos alemanes como tiovivos, circos o trenes eléctricos.
Finalmente, la tercera parte del museo se dedica a ‘Objetos de otra época’, que contextualizan el tiempo en que se crearon los juguetes de hojalata. Se trata de una sección con muchísimos utensilios de época de todo tipo, muchos de los cuales fueron posteriormente reproducidos como juguetes en miniatura.
Esta, explica Francisco Gil, es la parte más técnica de la exposición que, de forma muy didáctica, a través de murales, vídeos, textos y la manipulación de juguetes y aparatos, permite conocer la historia, la tecnología, los materiales usados y su procedencia en la fabricación de juguetes.
Además, la visita a la Casa de las Flores se completa con la proyección de un vídeo sobre la Sierra de Gredos en 3D, titulado ‘Las cuatro estaciones del año’.
La Casa de las Flores
La Casa de las Flores es una de las construcciones más singulares de Candeleda, localidad de 5.200 habitantes ubicada en el Valle del Tiétar, en la ‘Andalucía de Ávila’. La casa está en pleno centro, con su fachada principal –plagada de macetas de geranios y gitanillas de vivos colores rojos, fucsias y verdes- en plena plaza Mayor y la otra, en la fresca calle Umbría. Tiene nada más y nada menos que ocho balcones y grandes ventanales.
Esta casa fue construida en 1862, como certifica una inscripción en piedra en una de sus entradas, aunque posteriormente fue remodelada en 1902. Sus propietarios han ido mejorando la estancia, hasta su última rehabilitación, dotándola de las comodidades de hoy día, pero procurando conservar todos los elementos propios de su construcción inicial, combinando los dos estilos el funcional y el rústico. La casa está decorada con todo tipo de objetos, aparatos, muebles y utensilios antiguos.
Está distribuida en tres plantas y desván, y el museo se encuentra distribuido en seis salas ubicadas en dos pisos. Un pequeño patio interior comunica con la leñera y bodega, donde se guardaba el aceite. Su parte inferior esta construida sobre piedra. Y la parte superior es de ladrillo moruno con relieve y formas.