Habla sentada en una terraza de Lisboa. Al otro lado del teléfono se escuchan ecos en portugués, el bullicio de las mesas, los camareros, los niños... La vida que pasa. Dulce Pontes es de esas personas que pueden tomar un café, desgranar los aspectos más mundanos de su oficio, pedirle algo al camarero y, de paso, depositar sentencias como puños sobre la mesa: "Me preocupa el aislamiento en que vive la gente, esta especie de sistema de vida que nos hipnotiza... ¿Dónde está la libertad? Yo no la veo por aquí. Es aparente, ¿pero es real?".
A Zaragoza viene a cantar. Lo hizo durante la Expo junto a Estrella Morente y regresa ahora, que cumple veinte años sobre los escenarios. Para celebrarlo ha editado un doble cedé, Momentos.
Al echar la vista atrás señala: "Como dice la canción, veinte años no es nada, de verdad. Pero han pasado muchas cosas, personas, emoción, momentos difíciles, momentos con identidad propia, diferentes, que recorren todo el espectro de las emoción humana. Y cuando uno vive todo esto se comprenden cosas que no puedes entender cuando eres joven. El fado exige capacidad para sentir y para eso hay que haber experimentado. Para cantar sobre algo, hay que vivirlo".
Uno de esos momentos especiales se produjo cuando su Cançao do mar fue elegida como tema central de una película: Las dos caras de la verdad (1996), protagonizada por Richard Gere y en la que debutaba en el cine un joven Edward Norton. Aquello le abrió una ventana al mundo. "Cuando me dieron la noticia -recuerda- pensé que era una broma. Me lo comunicaron por fax, fíjate cómo ha pasado el tiempo..., por fax. Me decían que Richard Gere iba a tener un disco mí en la mano?. Increíble. Además, temas de ese mismo disco, Lágrima, se habían utilizado también en algunas telenovelas de Brasil. Todo aquello me ayudó mucho a llegar con fuerza a un público mucho más amplio".
"Estos veinte años de los que hablábamos están llenos de todos estos detalles, golpes de suerte, ocasiones que se presentan y se transforman en cosas positivas. Como los colores, como las formas de la arquitectura?", explica Pontes.
Cançao do mar se incluye en el álbum Momentos. Un disco que, según sostiene la cantante, "es un repaso por varios discos. La selección la he hecho pensando en mí, buscaba que fuera camaleónico, por eso quería que el primer cedé tuviera un acento de portugalidad grande, porque yo soy portuguesa. Pero el segundo quería que sonara de forma diferente, para que me conozca quien no me haya escuchado, ahí utilizo la voz como si fuera muchos instrumentos diferentes".
La suya ha sido una búsqueda constante de sonidos que aportar al fado: jazz, melodías gallegas o tango, entre otros muchos. Ella dice que lo que busca "es mostrar que la portugalidad no está solo en el fado, también en el folclore que a veces se vanaliza. En el folclore están las canciones y la forma de tocar de los pueblos, que así celebran ser hijos de la vida. Portugal tiene un folclore riquísimo debido a la presencia de tantos pueblos y a nuestra forma de ser: el portugués es abierto. Portugal no es Lisboa, es Portugal".
Visto lo visto, pocos asociarán el nombre de Dulce Pontes al festival de Eurovisión y, sin embargo, representó a su país en 1991. Pero antes también hizo televisión y sus pinitos en la danza. "Comencé haciendo publicidad, después pasé a un musical. Cada cosa ha sido una experiencia, una oportunidad de aprendizaje. Hasta que me propusieron hacer un disco de fados con orquesta. Pero yo quería hacerlo con guitarra eléctrica. Así que me dijeron: vale, experimenta. A veces es todo o nada. Cuando un tiene la posibilidad de comunicarse y un don, existe una responsabilidad y no hay que hacer concesiones. Esa responsabilidad es con el arte y con lo que uno busca", sentencia.
A ella se le ha dado el máximo honor que Portugal puede conceder a una voz: de Pontes han dicho que es la heredera y la sucesora de Amalia Rodrigues. Un título del que dice: "Me pesa porque tengo identidad propia. Y me honra. Pero no es justo con Amalia. Amalia es Amalia. Las personas son diferentes. Esa cosa de a rey muerto, rey puesto es de otro siglo".