BEATRIZ C. CHÓLIZ
Pablo García tiene menos de una semana de vida y no es consciente de la pequeña gran aventura que vivieron sus padres el día de su nacimiento. El pasado domingo, Silvia Aranda, su madre, embarazada de más de nueve meses, tenía una cita muy importante: el examen de la oposición para una plaza de Enfermería en el Servicio Aragonés de Salud. "Yo terminé la carrera en 2002 y ya no pude presentarme al examen que tuvo lugar ese mismo año", explica Silvia. Desde entonces, hace ya siete años, no se había convocado una oferta de empleo público para Enfermería. "Así que tenía que presentarme, aunque fuera para probar, porque no sabía cuando iban a salir plazas de nuevo", añade Silvia. Cuando salió la convocatoria del examen ya estaba embarazada, pero confiaba en que no le coincidiera con el momento del parto. "Yo esperaba tener ya mi bebé, pero Pablo se estaba retrasando y la matrona me dijo que no estaba en condiciones de provocarme el parto antes del examen. Así que solo nos quedaba confiar", explica.
Un día muy largo
El domingo, a primera hora de la mañana, tenía que presentarse en la Feria de Zaragoza ya que a las 9.00 comenzaba el llamamiento de los 3.900 aspirantes a las 412 doce plazas convocadas. "Ya había salido de cuentas, estaba de 42 semanas, y cuando nos dirigíamos en el coche hacia el examen comencé a notar que tenía unas contracciones bastante fuertes", explica Silvia. Su marido David, que iba con ella en el vehículo, reconoce que entonces vivieron unos momentos de bastante tensión. "Yo no sabía que hacer y le pregunté: '¿Vamos al hospital o al examen?". Pero Silvia estaba decidida: "No tenía ni idea de cuanto tiempo iba a tardar en dar a luz, así que, a pesar de los dolores, que parecían de parto, decidí quedarme y tratar de terminar a la prueba". Y así fue, desde las 8.00 hasta la 13.30 soportó las contracciones cada vez más frecuentes, la tensión y los nervios y respondió a las 110 preguntas de la convocatoria. "Después nos fuimos directamente al hospital porque ya no podía más", añade Silvia. "Así que cuando llegamos, me ingresaron directamente".
Bebé y aprobado
A las 18.30, Pablo había llegado al mundo. No lo hizo con un pan debajo del brazo, pero si lo hace con una plaza de Enfermería, sus padres estarán encantados. "Creo que he sacado más de un cinco", explica esta madre y opositora, "aunque eso no te asegura nada -añade-, porque para conseguir una plaza fija cuenta la nota, pero también el tiempo que llevas trabajando, y hay mucha gente con muchos años de contratos". A lo que David puntualiza: "Pero un aprobado son seis puntos para el currículum, lo que equivale a dos años de trabajo".
Una semana después de la experiencia, Silvia está feliz. Tiene un bebé muy tranquilo, otro hijo de tres años y una experiencia inolvidable que contar. "En la oposición me decían que no me preocupase, que estaba rodeada de enfermeros, pero eso es imposible", explica.
Buscando el contrato
Finalmente, todo salió bien y, aunque cree que conseguir una plaza fija es muy difícil, lo ha intentado y ha sumado puntos, lo que le permitirá conseguir contratos más largos de trabajo. "He trabajado en muchos sitios en estos siete años", explica. "Comencé trabajando en Calatayud durante el verano", añade.
Desde hace un año desarrolla su labor profesional en la unidad de Urgencias del Hospital Royo Villanova. "Estoy allí desde que se ampliaron las Urgencias", explica. Su situación es muy habitual: "Yo creo que como yo, con contratos temporales, de sustitución o cubriendo bajas, se encuentran más de la mitad de los enfermeros y enfermeras de los hospitales de Aragón". "Es muy difícil conseguir una plaza fija", explica Silvia, "así que lo que todos buscamos es la posibilidad de conseguir un contrato de larga duración".
David García, el flamante padre, no duda de la fortaleza de Silvia: "Es muy valiente y estoy muy orgulloso de ella y de todo lo que fue capaz de hacer".