Este año, por primera vez, la gripe A ha trastocado los planes de viaje de los participantes en la Ruta Quetzal BBVA 2009 y que tenía como primer destino Chile. Los expedicionarios españoles, entre los que se encontraban dos sorianas, Mónica Rodríguez (El Burgo de Osma) y Marta Lafuente (Soria), debían viajar a tierras chilenas el 18 de junio.
Sin embargo, una semana antes “se suspendió todo”, explican las jóvenes, ante la amenaza de esta pandemia y se pospuso el viaje al mes de diciembre. Sin embargo, la parte española del viaje, que se realizó entre el 7 y el 25 de julio, se ha mantenido y las dos sorianas, junto con los 268 ruteros, han realizado un periplo cultural por ciudades como Madrid, Valencia, Cartagena, Málaga, Cádiz, Segovia o Sevilla, por ejemplo.
A través de conferencias, visitas culturales y artísticas, Marta y Mónica redescubrieron ciudades en las que ya habían estado en otras ocasiones. Por ejemplo, en la sierra madrileña “estuvimos caminando dos jornadas”, aunque la expedición más dura de las que recuerdan fueron los 30 kilómetros que tuvieron que recorrer en La Rioja “todo el rato subiendo y bajando”, destacan. Otro momento que recuerdan con un sentimiento especial es el viaje realizado entre Valencia y Cádiz en el buque de la Armada.
Marta y Mónica, además, tuvieron la suerte de que les tocó en el mismo grupo de 18 chicas. Y es que, explican, “cada grupo hace sus visitas, sus ratos de ocio...”. Su monitora fue una chilena “muy maja” llamada Pancha. Además, cada grupo tiene un abanderado que se encarga de ‘representar’ a los suyos y Marta fue la encargada, durante un día, de realizar esta labor. “Tienes que estar muy atenta en las conferencias porque luego te preguntan”, explica.
Pero en la Ruta Quetzal no todo son visitas y conferencias, también hay tiempo para el ocio, para la convivencia y para la aventura. Aunque a veces hay momentos duros, sobre todo, a la hora de realizar las caminatas, los buenos compensan todo. “La gente es genial”, explican las sorianas.
Un día de ruta
Una jornada normal en esta aventura es dura. El día comienza a las 06.30 horas con “una ducha de agua helada ya que cogíamos las canalizaciones de las fuentes”, comenta Marta. Después de vestirse, desayunar y preparar la mochila acudían a una charla sobre el lugar que iban a visitar. Tras la comida se seguía con la visita o se realizaba algún tipo de actividad deportiva o de ciencias.
El lugar en el que dormían dependía completamente de la ciudad en la que se encontraban. En el barco de la Armada, por ejemplo, pernoctaron durante cinco noches. Otras formas de caer en brazos de Morfeo fueron en tiendas de campaña o haciendo vivac en parques o descampados. El espacio tenía que ser grande para disponer las tiendas que albergaban a 270 personas.
Por la noche, explican, el cansancio acumulado durante el día no dejaba mucho espacio para el ocio, pero las reuniones de grupo, el coro o una película son algunas de actividades que han realizado.
Tanto Marta como Mónica han escrito un diario con la aventura vivida.
El releerlo, con el paso de los días, les recuerda la experiencia tan inolvidable en la que han participado y les dibuja una sonrisa en el rostro. “Escribíamos en cualquier momento porque merece la pena”, indican.
Ahora, una vez concluido el viaje en España esperan con muchas ganas que llegue el mes de diciembre para embarcarse en la aventura chilena. “Visitaremos la isla de Juan Fernández, Santiago de Chile, Valparaíso...”, añaden que “estar con los indígenas es lo que más nos llama la atención, el conocer tantas culturas diferentes...”.
Navidad lejos de casa
A pesar de que van a pasar la Navidad lejos de casa tanto Marta como Mónica tienen muchas ganas de aterrizar en Chile. De hecho, apuntan, “cada grupo hemos comentado el llevar algo típico de su país o de su ciudad para pasar estas fechas”. Y, además, como el día de Nochebuena lo van a pasar en Chile también han hecho entre ellas el ‘amigo invisible’ para tener algún regalo en esta fecha tan señalada.
Con lo único que las sorianas tienen alguna pega es con las fechas del viaje ya que saben con seguridad que el vuelo de ida es el 12 de diciembre pero el viaje de vuelta está dudoso entre el 31 de diciembre y el 2 de enero. Ambas prefieren volver en enero “para no pasar el día de Nochevieja en el avión”. Sin embargo, no tendrán constancia de la fecha exacta hasta finales de septiembre o principios de octubre.
A pesar de no haber tenido contacto con las nuevas tecnologías durante los días de aventura (ni móvil, ni internet...), las dos jóvenes señalan que “no echas nada de menos y te das cuenta que se puede vivir con lo mínimo”. Una experiencia que han compartido las 24 horas con otros 268 compañeros y “une mucho, te intentan ayudar en todo”. A pesar de darse teléfonos y direcciones, la despedida de este año ha sido diferente a la de ediciones anteriores. Y es que, según explica Marta, “no hemos dicho adiós, hemos dicho, hasta luego, nos vemos en diciembre”.