El poeta soriano Fermín Herrero (Ausejo de la Sierra, 1963) ha vuelto sus ojos a esa inocencia con la que los niños perciben el mundo, a esa primera mirada con la que se contemplan las cosas para componer 'De la letra menuda', su nuevo poemario. En él la naturaleza y el paisaje castellano vuelven a ser protagonistas. No es un libro sobre la infancia, sino de primeras veces, de primeras sensaciones recuperadas.
Presentado ayer en el salón Gerardo Diego del Círculo Amistad Numancia, para este retorno a la pureza el poeta soriano ha buscado ex profeso la esencia de las cosas y una sencillez, a la que cada vez tienen más sus poemas y que en, 'De la letra menuda', ha llevado al extremo con poemas "cortos, esenciales, sencillos" en los que la carga poética, "libre de artificios", queda inmersa en las profundidades de cada verso.
Ahí radica una de las notas distintivas de este nuevo libro, editado por Cálamo, en el que el poeta soriano deja de lado la brillantez de metáforas que definió su poesía primigenia. De momento, 'De la letra pequeña' le está deparando muchas sorpresas. "Me ha sorprendido la acogida", señala. Y es que, comenta con orgullo, "tengo la suerte de tener lectores de verdad, que en poesía es difícil", explica.
Alrededor de 50 poemas se despliegan en varias secciones, casi estados de ánimo (lugar, nieve, lumbre, ceniza, mar y hora) dando contenido a la obra.
El paisaje y el mundo al que alude la obra evoca también a la soledad, "a esa austeridad de Tierras Altas", declara el autor soriano. Allí vivió algo más de 30 años y es lógico, señala, que "algo permanezca en el carácter" y trascienda a su poesía. Dentro del paisaje, el poemario incluye un apartado dedicado al mar, un mar que el autor vio por primera vez tarde, ya adulto.
'De la letra menuda', un título con el que el autor quiere recuperar el sentido literal de la expresión, la ausencia de complejidad, es un canto al paisaje de Soria y, por ende, el de Castilla, "ése es el fondo del libro". En este sentido, apunta, con su última obra está teniendo "mucha suerte", porque no sólo ha descubierto que su poesía tiene lectores "de peso", a los que le la encantado este libro.
Leyenda negra
El tópico de que la poesía es un género literario minoritario es, según Herrero, eso: un tópico, "una leyenda negra que no es exactamente tan cierta", afirma. De hecho, apunta, "un libro de cuentos o una novela", al margen de los 'best-sellers', "no vende más que uno de poesía".
Eso sí, confiesa, la lírica es un género literario que ofrece, a priori, más dificultades al lector, que requiere quizá de mayor capacidad de reflexión y una lectura más pausada y meditada. Pero como en todo, hay poesía para todos los gustos, argumenta, "más sencilla o más complicada".
Lo que sí mantiene es que un poemario puede contar, al igual que una novela, por ejemplo, una determinada historia. De hecho, ésa es estructura sobre la que articula sus obras y que le sirve para componer cada nueva obra. Sus libros de poemas mantienen una narrativa y, al margen de la individualidad de cada una de las pequeñas piezas o poemas, mantienen "un tono idéntico", un hilo conductor y un estilo homogéneo. Literato convencido de que la esencia del trabajo de un poeta es "el oficio", es precisamente decidir el estilo o el tono que tendrá el nuevo poemario lo que marca y condiciona, en su caso, éste desde el principio. "El título para mí es importante, también", explica el autor de 'Echarse al monte'.
El título y el tono es lo que define cada proyecto literario. Eso sí, considera que la poesía es un arte "fluctuante" y que se manifiesta, en cada libro, de forma diferente. De hecho, cree Herrero, cada libro que escribe no tiene otra misión que la de desentrañar "qué es la poesía". "Se escapa, se te escurre de las manos y por eso sigues escribiendo", añade el autor de 'La lengua de las campanas'.
Subidón emocional
Hasta la fecha, asegura, la única conclusión a la que ha llegado es que se trata de una "enfermedad, una chifladura sin más" por la que todos pasan y que se suele curar tras la adolescencia, cuando se atrás ese "subidón emocional", al hacerse "uno mayor". Eso sí, el autor, que ha quedado finalista el del Premio de la Crítica de Castilla y León por 'De la letra pequeña', admite que, en su caso, lo suyo ya no tiene cura. "Imposible", sentencia con sentido del humor.
Suele escribir durante el verano; tomar apuntes a lo largo de todo el año. Una vez escrito el libro lo deja dormir en un cajón. De hecho, apenas iniciada la promoción de su último poemario, Fermín Herrero ya tiene otro nuevo título esperando. Eso sí, asegura, retomar un poemario años después puede tener algunos efectos negativos, "todo te parece horrible", señala, pero añade cierto distanciamiento.
En el caso de 'De la letra menuda' el objetivo era 'desposeer' los versos de cualquier huella poética, "que sólo quedara la poesía que queda después de eliminar la poesía", explica. Algo que, apunta con humor, no deja de tener el riesgo de que, finalmente, "no haya poesía", de que "el esqueleto" no diga nada. Tras Valladolid, el autor soriano, quiso dar a conocer su nuevo libro en el Círculo Amistad Numancia, un lugar que, según el poeta, está recobrando su carácter de centro cultural. La escritora y periodista Susana Gómez Redondo acompañó a Herrero ayer en la dura tarea de "hablar de la poesía de uno mismo". Para Gómez Redondo, 'De la letra menuda' es un libro cargado de "sencillez" e, igualmente, "hondo", cargado de emociones. "Me ha sugerido mucha nostalgia. Mucho silencio. Fermín siempre evoca mucho silencio", señala.
En cuanto a su 'nominación' como candidato al Premio de la Crítica de Castilla y León, asegura que es todo un honor, por cuanto que ha sido seleccionados autores "de mucha categoría". En cualquier caso, destaca, la poesía siempre parte "con desventaja" en este tipo de galardones.