Hoy María (nombre ficticio porque esta paciente renal prefiere que su historia quede reflejada como un testimonio más) se levantará de la cama y no tendrá que practicarse la diálisis peritoneal manual que todos los días, a las 06.30 horas, realizaba en su casa antes de irse a trabajar. También se olvidará de las otras dos sesiones diarias que tenían lugar a las 13.00 y a las 18.00 horas.
Y es que ayer fue la primera noche que durmió conectada a la máquina cicladora que, durante nueve horas, limpió su organismo de las sustancias de desecho de la sangre (potasio, ácido, y urea, entres otros) que su cuerpo no es capaz de eliminar a través de sus riñones.
Ayer por la mañana estaba segura de que iba a dormir con un ojo cerrado y otro abierto vigilando que la máquina no fallara y todo fuera bien pero seguro que hoy, después de los nervios de la primera noche, María ve las cosas de otra manera.
Esta paciente es una mujer joven y trabajadora que, a pesar de sufrir estas carencias renales que la limitan en algunos aspectos, ha decidido encarar la enfermedad, mirando la vida de frente e intentando que su día a día sea lo más parecido al de una persona sana que no tenga que lidiar con la diálisis a cada paso.
De hecho, únicamente son cuatro los pacientes renales que en Soria cuentan actualmente con el tratamiento de diálisis peritoneal. Y María es uno de ellos. “Llevaba bastante tiempo con fallos en el riñón y éste es un problema degenerativo”, explica. “Vas controlándote, cada vez más a menudo, últimamente tenía revisión una vez cada mes”, continúa ya que “el órgano estaba cada vez más estropeado y, al final, te deja de funcionar”. El pasado mes de mayo “me dijeron que tocaba diálisis”.
Frente a esta noticia no le quedó más remedio que concienciarse “y comenzamos en septiembre con el tratamiento”. En ese momento, María se encontraba en Madrid y, tras recibir información sobre las diferentes técnicas por parte de los especialistas, optó por la diálisis peritoneal aunque entonces en Soria no existía.
Sin embargo, “cuando me la ofrecieron aquí, evidentemente, no la rechacé”, apuntó. Y es que el pro más importante de este tratamiento frente a la hemodiálisis consiste en que puede realizarse en casa y no hay que acudir al hospital tres veces en semana para un tratamiento que dura alrededor de cuatro horas cada día.
En el caso de María, a través de un catéter que le colocaron en el peritoneo mediante laparoscopia, se infiltra el líquido de diálisis dejándolo un tiempo en el interior del cuerpo para que realice su trabajo para, como máximo seis horas después en el caso de María, eliminarlo. Se utilizan bolsas y tubos desechables en cada drenaje, y la infusión y drenado se realiza de forma manual, aprovechando la fuerza de la gravedad. Por estos motivos, y al ser una práctica que realiza el paciente en casa, es imprescindible la higiene para evitar infecciones y complicaciones.
Sin embargo, gracias a la máquina cicladora, María evitará este tipo de diálisis durante la semana y será una práctica que únicamente llevará a cabo los sábados. La compatibilización de las dos técnicas es fundamental para poder llevar una vida más normal. Y es que, explica: “Entre semana el tratamiento de la máquina no tiene ningún problema pero es algo limitado de cara al fin de semana”.
Medio año después de su primera diálisis María realiza un balance positivo. “A pesar de los problemas iniciales, ya que me tuvieron que recolocar tres veces el catéter, todo ha salido bien y yo estoy contenta: no me encuentro mal, puedo hacer dentro de lo que cabe vida normal y lo llevo muy bien”. “Es verdad que cambias pero supongo que, al final, te conciencias y no lo notas”, apunta. “Es esclavo, sí, pero sin salud no se puede vivir”.
María lleva un año en lista de espera esperando un trasplante de riñón. No puede separarse del móvil porque en cualquier momento “puede sonar la llamada” que le podría cambiar la vida.