Según lo previsto, los turistas no pudieron llegar ayer hasta la Laguna Negra. Sólo algunos montañeros con espíritu aventurero emprendieron el camino a pie para intentar arribar al enclave. La culpa, en primera instancia, la nieve y el hielo, en segunda, de las administraciones, tanto la Junta de Castilla y León como la Diputación, y el Ayuntamiento de Soria y la Mancomunidad de los 150 pueblos (como titulares) por su falta de previsión a la hora de propiciar la retirada de esos casi 80 centímetros de bloque helado, y hasta dos metros de manto blanco. Como pista forestal, el acceso a la Laguna Negra es competencia del Gobierno regional, y por tanto su limpieza. Si el objetivo marcado es fomentar el turismo como fuente generadora de riqueza, la actitud ha de ser de sumar, no de restar. Que no haga falta la demanda de las otras administraciones, que por otro lado no se ha producido hasta que no han visto las orejas al lobo, y que cada uno responda de sus obligaciones. En este asunto ha habido una total descoordinación, el enfrentamiento político y de administraciones se ha antepuesto a los intereses de la provincia y por ese camino Soria no puede avanzar. Los ciudadanos no pueden comprender porqué los responsables se pasan la pelota, que al final queda encajada en la nieve.