NO busquemos culpables porque somos nosotros mismos, los sorianos, los responsables de nuestras desdichas. No miremos a Madrid ni a Valladolid si no “nos hacen”; es más, diría que en proporción a los cuatro gatos que somos, demasiado recibimos y si no, mírese las clases pasivas, pensionistas, funcionarios, infraestructuras sea en kilómetros o en servicios y réstese de los impuestos que los activos producen. Acto seguido si atendemos a los lamentos de los profesionales diciendo que el Gobierno de Madrid nos discrimina o por el contrario que el de Valladolid nos recuerda para aprobar urbanizaciones, veremos que a la postre, la raíz estriba en que los pocos que aquí vivimos somos incapaces de mandar al cuerno a esta pandilla de saprofitas que nos atenazan. Ahora el pretexto es la crisis, pero cuando ésta yacía eran la paciencia, las promesas, la ineficacia o las vicarías. En definitiva, y el dato está ahí, el problema es nuestra continua despoblación. Por mucho que la Junta monte observatorios, que es la risa, o ilustres profesoras que importe de Barcelona para decir que Castilla gana población, la responsabilidad es de órgano asignado, la competencia, es de la Junta, y si se pierde, algo está haciendo mal, o ni eso. Si crecemos, comercios y autónomos trabajan, savia nueva frente a clientes de residencias de ancianos y pueblos vacíos. Dentro de nada aparecerán cientos de carteles anunciando fiestas en pueblos fantasmas, cuyos festejantes dejan sus impuestos en Madrid o Barcelona, nuestros políticos de juerga y el paisano con su carita complaciente. Ése es el problema.