Música y poesía

Ana Muñoz: “En los conciertos me siento libre”

La cantante y poeta publica ‘Al final. Cancionero’ (Olifante), sus canciones y tres poemas.

Antón Castro. Zaragoza Actualizada 14/06/2013 a las 12:13
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Ana Muñoz, de perfilLUCIA BAILON

‘Al final. Cancionero’, título del libro, ¿es una alusión al fin del grupo musical Louisiana, al fin de un proyecto?

Me gusta ese nombre por su eufonía y porque es casi simétrico. Me lo propuso mi padre, que es fan de la palindromía, de los juegos de palabras. Él no suele opinar sobre estas cosas y desconocía mi intención de abrir el cancionero con una cita que dice: “Cuando no sepas qué hacer, invéntate un final”. Es de Luis Cebrián, compañero en la formación. Por eso me gustó doblemente. Además, la primera canción que grabamos, cuando tampoco Louisiana teníamos nombre, se llamó ‘Al final’. Hace alusión al final de un proyecto, es un punto de llegada y el futuro de todo lo demás.

¿Cuál sería el balance de esos cuatro años de música?

Aunque fui yo quien decidió dejar Louisiana, nunca podré afirmar, incurra o no en una contradicción, que el balance sea negativo, pues Louisiana supuso un cambio muy deseado en mi vida y me alegro de que ocurriera. Fueron cuatro años muy intensos en los que invertimos casi todo nuestro tiempo y también nuestras energías. Ha pasado casi un año desde que dejé Louisiana y ahora solo quiero quedarme con las innumerables cosas buenas que hubo.

¿Qué aprendió?

En Louisiana aprendí cuanto sé, que no es nada, pero es más de lo que sabía cuando empecé. Hasta entonces, aunque había anhelado dar salida a las canciones que iba componiendo, no las había compartido con nadie. Y cuando se comparte es también cuando se aprende. Luis Cebrián creyó en mí y me tomó en serio como compositora en un momento en que quizá mi proyecto pudo parecer el capricho repentino de una poeta con ganas de lucir vestido y tacones. Aprendí asimismo a escuchar y a no escuchar, a estar callada y a hacerme oír, a decir que no y a decir que sí, a tomar decisiones importantes y a decir “Hasta aquí”.

¿Qué diferencia hay entre sus canciones y los poemas para un libro?

¡Mucha!, quizá porque el proceso de creación es, en mi caso, muy distinto. Por eso he querido puntualizar que el libro no es un poemario, aunque contenga tres poemas, sino un cancionero. Para componer una canción, también me sirvo de la palabra, pero desde el principio, y cada vez más, la música se impone, ella manda: una sucesión de acordes, una estructura armónica, un simple motivo… Nunca he escrito la letra de una canción separada de mi guitarra.

¿Cómo se plantea la escritura poética, entonces?

En la poesía intento evitar la rima, mientras que, si se trata de canciones, he llegado ¡incluso! a buscar la consonante. En la poesía trato de hacer sucesivas abstracciones de la realidad, algo que no me resulta tan necesario con las canciones. Paradójicamente o no, me preocupa más la musicalidad en una letra de canción que en un poema. En ambos procesos necesito silencio, soledad y tiempo.

¿Podríamos decir que el tema más constante es el amor y sus alrededores?

Lo que me conmueve y me mueve es lo mismo que a casi todas las personas: la angustia por el paso del tiempo, la ausencia, el desamor, la distancia, el miedo a la enfermedad y a la pérdida, la soledad… Por eso nos emocionamos e identificamos con desconocidos que hacen cosas y las muestran. A mí el exhibicionismo me da pánico. Pero… mire.

Dice, por ejemplo, “comimos cerezas / hasta emparejar / todos los huesos, / porque el miedo es impar”... Coméntenos estos versos del poema ‘H Muda’.

Esta letra es bastante explícita, aunque pueda parecer “críptica” o “hermética” en una primera escucha (lectura). Se trata de una de las canciones a las que más cariño tengo por la vivencia que la motivó, por el recuerdo que me une a ella y por lo que ahora me vincula a su protagonista. Apenas llegué a interpretarla con Louisiana y es una de las poquitas que he recuperado. La letra habla sobre una noche de verano en la que comí cerezas en compañía y fui valiente.

Hay un poema que se llama ‘Pintora nocturna. Caminos del espejo’, que lleva una nota de Sylvia Plath, a quien le dedicas otro texto. ¿Qué significa esta escritora para usted?

La curiosidad me llevó a querer redescubrirla como poeta, más allá del estereotipo, que encorseta, limita y considero injusto. Sylvia Plath fue una escritora inmensa y de una gran riqueza creadora, no solo aquella mujer bipolar, esposa de Ted Hughes, que se suicidó introduciendo su cabeza en un horno después de preparar el desayuno a sus hijos. Ese redescubrimiento me trajo cosas buenas, como el hecho de colaborar en una canción de Copiloto (Javier Almazán), que lleva sus siglas, ‘SP’, y que es luminosa y positiva.

¿Por qué este libro está ilustrado por Jorge Fuembuena, Lucía Bailón y Víctor Montalbán? ¿Qué querías lograr?

Sebas Puente (Tachenko), que también escribe poesía, me dio una primera idea que seguidamente fue completada por Jesús Jiménez Domínguez, un poeta que me fascina. Nos pareció que era una manera atractiva e interesante de vestir las letras, ya que iban a publicarse desnudas de melodía.

¿Por qué ellos?

La elección de estos tres artistas no fue casual porque, de un modo u otro, estuvieron cerca de Louisiana en las distintas etapas en que se divide el cancionero. Jorge Fuembuena nos cedió una imagen preciosa para la portada del disco, Víctor Montalbán diseñó varios carteles minimalistas y originalísimos y la fotógrafa Lucía Bailón apareció al final, y se convirtió en mi amiga. En cualquier caso, Louisiana contamos asimismo con gente como Gustaff Choos o Beatriz Pitarch, a los que cabe recordar.

¿Cómo se plantea el futuro en la música? ¿Prepara nuevas canciones?

Sí. Este verano comenzaré a ofrecer mis primeros conciertos en solitario. Necesito volver a sentir el “chute” que proporciona un directo. Pero cada concierto es una experiencia que se sitúa fuera de cualquier esfera. Es animal, es bestia, es visceral. Es cuando más comunicación o conexión siento conmigo misma y con los demás. Y me siento libre. Además, en los conciertos se comparte y eso está bien.

¿Cómo vive todos los conflictos derivados de la crisis?

Es un drama. Creo que los jóvenes somos más afortunados ahora que aquellos que debieron marcharse hace años. Nuestra generación sabe varios idiomas, se maneja bien con las nuevas tecnologías, ha viajado más…, en teoría. Me gustaría que, al menos, tuviéramos la oportunidad de elegir quedarnos o no en España. Que los jóvenes, sean “talentos” o no, se vean obligados a marcharse, para mí es un drama de dimensiones inconmensurables.



‘Al final. Cancionero’. Ana Muñoz. Con ilustraciones de Jorge Fuembuena, Víctor Montalbán y Lucía Bailón. Olifante: Papeles de Trasmoz. Zaragoza, 2013. 69 páginas. [El libro se presenta hoy en Antígona, a las 20.00, con Jesús Jiménez y Virginia Martínez.]


  • Jaime14/06/13 00:00
    Esta chica vale un montón. Sensibilidad extrema y una manera muy personal de contar las cosas. De lo mejor que tenemos por aquí, aunque con menos fama que otros mejor conectados. le deseo mucha suerte en su nueva etapa.





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