Apicultura

Los apicultores compiten con las colmenas foráneas, el clima y los agroquímicos

La mortalidad de abejas se ha incrementado en los últimos quince años.

N.O.C. 23/08/2016 a las 06:00
Imagen de un apicultor recolectando miel.Heraldo

Las poblaciones de abejas de todo el mundo se encuentran en declive desde principios de este siglo. Esta semana la revista ‘Nature Communications’ publicaba un estudio científico que concluía que el aumento de la mortalidad de las abejas se relaciona con el uso de los insecticidas neonicotinoides, tres de los cuales fueron restringidos por la UE en 2013, precisamente para tratar de establecer este vínculo.

Aunque las causas del descenso en las poblaciones de abejas no están todavía completamente determinadas, algunos países ya han tomado medidas. Francia acaba de aprobar la Ley de Biodiversidad, que tiene un artículo específico que contempla la prohibición de los insecticidas neonicotinoides a partir de 2018, debido a su alta y confirmada peligrosidad para las abejas.

En Soria, la apicultura no ha sido ajena a este aumento evidente de la mortalidad de las colmenas. Los apicultores sorianos hacen auténticos equilibrios para sacar adelante sus producciones, haciendo frente a factores como el cambio climático, el uso de sustancias químicas en el campo (en ese sentido, señalan que Soria no está tan mal como otras provincias) y la competencia de colmenas procedentes de otras regiones.

La mayoría de los apicultores sorianos son trashumantes: instalan sus colmenas en distintos puntos de la provincia, para aprovechar las diferentes condiciones climáticas de cada lugar. De esta manera, afrontan también fenómenos climatológicos que redundan en una mayor fragilidad para las abejas. Primaveras como la de este año, en la que las temperaturas altas llegaron demasiado pronto, acortan el periodo de floración de las flores silvestres, alimento del que las abejas extraen su néctar. De ese modo, las abejas resisten menos ya que tienen menos tiempo para alimentarse. Esto se traduce directamente en menos producción.

Las lluvias excesivas y el frío extremo del invierno soriano son algunos factores que también influyen en las colmenas.

Para los científicos y las personas preocupadas con el medio ambiente, la progresiva desaparición de las abejas es un verdadero problema de consecuencias innumerables. De las abejas, así como de otros insectos polinizadores, dependen miles de plantas con flores y también una parte de los cultivos dedicados al sustento humano.

El estudio de la revista ‘Nature Communications’ estima que las abejas son responsables de mantener alrededor del 9,5% de los cultivos dedicados a alimentos de todo el mundo.

Según el estudio, los neonicotinoides son un tipo de insecticida que, a menudo, se inoculan directamente en las semillas y crecen como un elemento más de la planta. Por su composición, son capaces de evitar plagas de varias clases de insectos sin apenas ser tóxicos para mamíferos y otros animales de sangre caliente. Según el estudio, en 2008 representaban un 24% del mercado total de estos tratamientos para cultivos. Y hasta el 80% en el caso de los que van incluidos en las semillas.

Aun así, la mayoría de investigadores están convencidos de que el uso de estos insecticidas es solo uno de los motivos que explican el declive de las abejas. La pérdida de hábitats, las plagas y varias enfermedades, sospechan, también son parte de un problema cada vez mayor.

Uno de esos problemas que sufren las poblaciones de abejas y se ha convertido en un reto para los apicultores sorianos es un ácaro, denominado varroa, que debilita a las colmenas. Los apicultores tienen que cuidar a las abejas en algunos casos y cambiándolas de lugar para que puedan alimentarse.

No obstante, para apicultores como Lucía, Soria es un lugar "privilegiado" porque "todos los problemas de las abejas no nos están afectando tanto como en otros lugares".

"Los pesticidas tienen mucho que ver, cuando las abejas no están fuertes, cualquier cosa les afecta", señala esta apicultora cuyas colmenas se encuentran alejadas de cultivos, lo que ayuda a que tengan mejor producción. En el caso de Lucía, la trashumancia es clave: "Estamos en el monte en verano y en invierno las trasladamos a zonas donde hace menos frío. Producen miel de biércol, roble y brezo en verano y en invierno de romero y tomillo", explica.

La llegada de apicultores de lugares como Valencia, Alicante y Andalucía es para algunos apicultores un motivo de preocupación, o al menos de reflexión: "Pueden llegar de Valencia doscientos apicultores que explotan lo que tenemos aquí, mientras aquí la apicultura la llevamos a cabo en torno a 10 apicultores; en Valencia pagan 20 euros por colmena para sacar fuera a las abejas, porque si se polinizan los naranjos, la fruta contiene semillas", explica Miguel, otro apicultor soriano.

La llegada de apicultores foráneos se debe también a que en otras regiones el clima es extremo y no hay flores.

Cada colmena, formada por entre 30.000 y 80.000 abejas alimenta a una reina, que se renueva cada cuatro años. En invierno, si no hay flores, la colmena se reduce a una pequeña parte que sobrevive para alimentar a la reina hasta que empieza a florecer el campo, que es cuando la reina pone sus huevos y la colmena empieza a aumentar.

Si la floración es grande, la reina pone más huevos. Si el tiempo es seco o llueve mucho o demasiado poco, la colmena se reduce.

"Se nota muchísimo que se pierden cosechas por el tiempo", indica Lucía, quien recuerda que en los últimos tres veranos, las temperaturas han sido demasiado altas.

Si hay demasiada sequía, las flores tienen poco néctar, y las abejas no pueden alimentarse.

"Soria es una zona dura, pero en contrapartida tiene muchos asentamientos, aunque no es fácil encontrarlos y las distancias que deberían cumplirse no se cumplen", señala Lucía.

En el mismo sentido incide Miguel, quien señala que la llegada de apicultores foráneos ha venido acompañada con la instalación de colmenas en lugares en los que antes no estaba permitido y en enclaves en los que están demasiado cerca de otras colmenas.

Para Igor López, otro apicultor soriano, el problema de las abejas es evidente. Señala que abejas en estado ‘salvaje’ ya prácticamente no existen y que las que dependen de la mano del hombre se enfrentan a problemas como la varroa, la climatología, los transgénicos o los pesticidas.

"Aquí en Soria no hay tantos problemas, pero en Valencia es una barbaridad lo de los pesticidas", indica. "Si una colmena son 50.000 abejas, en vez de eso hay la mitad, se mueren más de las que nacen", añade.

Este apicultor subraya que las abejas son como otro animal "que hay que cuidar". "En los últimos seis años la producción ha descendido mucho, la mortalidad no es como en otros lugares, donde hay frutales y el uso de pesticidas es mayor", concluye.







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