Sociedad

Cruz Roja enseña español a inmigrantes

Impartiendo los cursos de castellano, la ONG pretende facilitar la adaptación de los recién llegados enseñándoles las nociones básicas y necesarias del idioma.

Ana Solís Actualizada 30/08/2016 a las 17:02
Alumnos de español en una de sus jornadas lectivasLuis Ángel Tejedor

Más de diez años con la tarea de enseñar español a los recién llegados. Ésa es la labor que Cruz Roja de Soria lleva haciendo todo este tiempo con la impartición de cursos a inmigrantes en los meses de julio y agosto para que su adaptación sea mucho más fácil.

"Que conozcan el idioma es fundamental para la integración de estas personas", explica Gemma Martínez Romero, responsable del programa de integración de inmigrantes de la organización, dentro del cual se encuentra este proyecto.

Las fechas elegidas para dar las clases son ésas porque es cuando la escuela de adultos y organismos similares cierran sus puertas durante la temporada estival. Consciente de que dos meses son insuficientes para aprender un idioma, Martínez comenta que "es sólo una continuación de las clases a las que asisten el resto del año. El objetivo es que no haya un ‘parón’ en su aprendizaje".

De lunes a jueves, a partir de las 10.00 de la mañana y durante una hora y media diaria, una maestra y cinco voluntarios, enseñan a los asistentes las nociones básicas. Gramática, vocabulario o lecturas comprensivas conforman dichos contenidos. "Se trata de que conozcan las cosas elementales para que puedan desenvolverse por sí solos", añade.

Está dirigido solo a los adultos establecidos en Soria que realmente necesitan hacerse, no solo con el idioma, sino además familiarizarse con la ciudad en todos los sentidos. Este año se han matriculado un total de 24 alumnos, procedentes de diferentes países como Marruecos, El Congo, Siria, Ucrania o Gambia, entre otros. Esta cifra es similar a la de años anteriores. "Los grupos tienen que ser reducidos, si no es imposible enseñarles. Cada alumno es diferente", dice.

Aprender cada día más

Cruz Roja de Soria pone cada año a disposición un aula donde se desarrollan las lecciones. Además, también ofrece otra destinada a realizar la labor de guardería para todos aquellos que durante las clases no puedan dejar a sus pequeños con algún otro adulto. De este servicio se encarga otro pequeño grupo de voluntarios de entre cinco y seis personas.

El ritmo de aprendizaje de cada uno es muy variado, y aunque se da prioridad siempre en la matriculación a los alumnos con menos conocimientos, es cierto que cada uno avanza de forma diferente. "Hay veces que unos van más adelantados que otros, por lo que hay diferentes grupos dentro del aula. Algo que sería imposible de realizar sin la labor de los voluntarios", añadió.

La división de los alumnos se hace en función del nivel en el que éste se encuentre y se dividen en básico, intermedio y adelantado.

Además, el curso cuenta con dos o tres salidas extraescolares para facilitar el aprendizaje de los alumnos y que entiendan mejor lo que se explica. "Si por ejemplo estamos dando elementos que podemos encontrar en la calle, qué mejor forma de enseñarlos que ‘in situ’, donde pueden verlos y relacionarlos mucho mejor. Esto hace que el aprendizaje sea mucho más rápido para ellos", explicó.

Por lo general, los alumnos realizan el curso hasta el final, "únicamente, cuando es por algún motivo mayor, como encontrar trabajo, algo prioritario para cualquiera, no llegan a realizar el curso completo", explicó.

Después de este ‘cambio de aires’, en septiembre la formación volverá a las aulas de la Escuela de Adultos de forma reglada, donde los alumnos podrán seguir alimentando cada vez más sus conocimientos.

Sin ánimo de lucro

La mayoría de los voluntarios suele repetir cada año por la satisfacción personal tan grande que se adquiere al aportar un ‘granito de arena’ ayudando a los demás.

Maestros y educadores retirados o simplemente personas que ya han realizado trabajos semejantes favorecen y simplifican el camino escarpado que se encuentran los inmigrantes cuando llegan aquí. "No todo el mundo les facilita las cosas, quizás no conscientemente, pero las prisas en las administraciones, por ejemplo, hace que no se les dedique el tiempo que necesitan", comentó David Bueno, voluntario del programa.

El entusiasmo y las ganas que los propios alumnos ponen en aprender, hacen que los voluntarios se sientan mucho más contentos con la labor que cada día realizan.

El sentimiento se humaniza mucho más, si cabe, cuando saben que realmente estas personas están haciendo un tremendo esfuerzo por empezar de cero, apostando todo por una vida muy diferente a la que tenían y adaptándose a un país y a unas costumbres totalmente distintas a las que dejan atrás.







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