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Jugar con MOME es ganar

Ana, María Ángeles y Eduardo han creado este juego compuesto por 120 fichas de cuatro colores en el que la creatividad es el mejor aliado.

Actualizada 18/10/2016 a las 10:39
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Eduardo, María Ángeles y la pequeña Ana disfrutan jugando con MOME pero lo hacen más aún cada vez que entregan un ejemplar.Mariano Castejón

Un total de 120 fichas de cuatro colores e infinitas maneras de jugar. Eso es MOME. Tan simple como jugar sin reglas y tan complejo como hacerlo para evadirse o conectar con uno mismo. Jugar con MOME siempre es ganar. El juego creado por María Ángeles García, Eduardo Vázquez y la pequeña de la familia, Ana, ha revolucionado las redes sociales y son muchos quienes se preguntan cómo conseguirlo.

"Tiene infinitas posibilidades de adquisición", comenta María Ángeles, mientras Eduardo matiza que no quiere vender MOME "y por lo tanto es muy difícil que se compre". "El dinero puede aparecer en el intercambio de forma natural, por mil procesos. Si hay gente que sólo nos puede ofrecer dinero hablamos de cuál es el punto de equilibrio o valor consciente de ese juego, según sus posibilidades", aclara. "Si alguien quiere aportar dinero no se le va a cerrar la puerta. Pero probablemente en lugar de poner nosotros una cifra y al lado el símbolo del euro, la persona valorará el juego según sus circunstancias. No es lo mismo para una persona que esté en paro que para una persona que tenga un sueldo elevado", añade María Ángeles.

Pero ¿qué es MOME? ¿Qué características tiene para que se haya convertido en un juego deseado por muchos?. "MOME surge de una necesidad profunda de divertirnos, de cambiar las cosas que nos rodean en el día a día y de encontrar el ambiente en el que uno se siente cómodo y disfruta. Surge de no encontrarlo, de no disfrutar y de hacerte las preguntas de cómo conseguirlo", explica Eduardo. "La filosofía de la que se nutre es la cultura de ganar, ganar y ganar. MOME es un juego y queremos introducirlo en nuestra vida, queremos que la gente juegue libre y que se divierta en grupo y que esos juegos sean acordes a lo que la tierra está demandando y necesita", añade.

Uno de los puntos fuertes de este juego es que quien comienza a utilizarlo nunca pierde. "Todos son ganadores. Lo que busca MOME es que no haya perdedores", indica María Ángeles. "Tiene que ver con el crecimiento personal, con el sentimiento de comunidad y con el servicio a la tierra. En el momento en el que juegas a esos niveles estás jugando a MOME, porque no deja de ser una cultura de ganar, ganar y ganar. Y eso es jugar sin fichas", matizan.

"Fue determinante el descubrir que en nuestra sociedad hay un montón de ganar-perder y que hay otra posibilidad, que no nos habíamos planteado. Es la opción de ganar, ganar y ganar. Ante un problema, un planteamiento, a lo que estamos acostumbrados es que si uno gana otro pierde. Pero si le das una, dos o 100 vueltas encontraremos una solución en la que tú ganas y yo gano", plantea María Ángeles.

Y la llegada de Ana, hace apenas 15 meses impulsó el deseo de poner en marcha este proceso. "Antes de su nacimiento nos preguntábamos cosas pero con la llegada de Ana todo ha sido más natural; los ritmos que nos muestra, la sonrisa... Nos está mostrando cuál es nuestro camino, que realmente lo habíamos perdido. La gente se sorprende cuando decimos que los tres somos los desarrolladores del producto. El punto de vista de Ana no lo podríamos lograr nunca y nos parece que la sociedad de ahora debería mirar mucho más a los niños. Se tenía que tomar decisiones a través de una asamblea de niños, que ven lo más sensato y lo más divertido. De los tres, la aportación más innovadora es la de Ana", explica Eduardo.

Sin reglas, un mundo de posibilidades

Y ¿cómo se juega? Con plena libertad, sin normas, dejando que la creatividad inspire al jugador. "Tiene infinitas posibilidades", explican. "En el origen sí queríamos haber mostrado nuestras formas de jugar pero con eso marcábamos unos límites al proyecto que iban en contra de su naturaleza, en contra de su esencia", comenta Eduardo. Por ello sus creadores están aprendiendo nuevas formas de juego a través de las personas que cuentan con MOME. "A través de las redes sociales pedimos que nos cuenten cómo están jugando. Nosotros estamos impulsando este proyecto pero el objetivo es hacer un proyecto conjunto con todas las aportaciones de la gente. Con los juegos que la gente se inventa hemos creado nuestra biblioteca particular, que se llama MOMEteca", comentan.

"Ahora queremos crear, crear, crear. Nos vale crear con una cámara de vídeo, composiciones de cuadros… Nos da igual. No queremos ser nosotros los que pongan las limitaciones. Se puede jugar encima de una mesa, en el césped o en una nave espacial. Por eso tampoco es un juego de mesa. Es un juego, tan sencillo como eso. Ana juega en el suelo. Y Ana juega con una pieza. Va por ahí intentando meterla en agujeritos. Ella nos está aportando una creatividad fuera de lo común para los adultos. Porque los niños tienen otra manera de ver el mundo: creativo, original, atractivo", reconocen. "Nosotros podríamos ser capaces de imaginar una manera de jugar y cada persona otras tantas. Es sorprendente cómo puede jugar cada persona. Es importante la libertad que te da el juego, porque no tienes normas a las que obedecer", aseguran.

"Hay un momento de la vida en el que nos dicen que dejemos de jugar y es entonces cuando queremos introducir las fichas. Yo, con mis 39 años, necesito jugar. Y mis padres necesitarían jugar, pero otra cosa es que quieran. Sí vemos que necesitamos excusas para incluir el juego en nuestras vidas", indica Eduardo.

También se puede jugar sin las fichas de MOME. "Las fichas son una excusa para conocer a una persona que quiere el producto, ha visto en él determinadas cosas que le acercan a nosotros y el vínculo con esa persona lo hemos iniciado hablando de cosas que no son juegos pero a través de esas fichas", explica Eduardo. "El juego está sirviendo de imán entre personas afines. Nos estamos acercando a proyectos a los que probablemente habríamos llegado pero de una forma menos directa", añade María Ángeles. "Algunas personas nos han dicho que MOME sirve como catalizador, porque se están dando unas relaciones químicas y físicas y el juego, además de ser la excusa, ha acelerado los procesos. Es la excusa para encontrar personas con determinadas necesidades y talentos", añade.

Este juego sirve también para ensimismarse, evadirse y fomentar la creatividad. "Estamos tan metidos en el hecho de hacer cosas que dejamos a un lado el jugar por el simple placer de ensimismarte en mover piezas. Hay uno de los modos, que es el #yojuegoconMOME, en el que no necesitas a nadie a tu alrededor, solamente las fichas y dejarte llevar. No se necesita llegar a un objetivo concreto, sino disfrutar de ese momento de pequeña desconexión", explica María Ángeles.

120 fichas y mucha diversión

¿Y por qué 120 fichas de cuatro colores? "Es una primera aproximación a lo que pueden ser 12 colores con una caja de 20.000 piezas. Era algo que estaba en nuestra mano, asequible. Son unos colores que estaban disponibles y con los que se pueden crear ciertas cosas. Respecto al número, vimos que era suficiente para que alguien encontrara un momento de juego", explica Eduardo. "Y es fácil de transportar. No queríamos que fueran muchas para que si se quiere crear algo más grande se tenga que buscar un compañero de juego que también tengo un MOME", añade María Ángeles.

Ya han entregado más de un centenar de juegos. "Vamos pasito a pasito. Tenemos un carpintero que nos ayuda y los tableros vienen de una empresa de Portugal, que tenía unas características muy concretas. Vamos sacando juegos a medida que vamos teniendo personas a las que regalar o tetra briks que hemos consumido [las fichas se entregan en estos recipientes]. Es un juego lento porque se adapta a nuestra vida. Hace un año que nos hemos ido a vivir a un pueblo, Cuéllar de la Sierra, y estamos viendo otro tipo de cosas que hay detrás de la vida anterior que teníamos y que tienen sus virtudes. No todo va a ser horrible en la provincia de Soria. Hay también pueblos y gente entrañable. Igual hay que mirar con otros ojos", indica Eduardo.

Un juego universal

MOME ha llegado a diferentes puntos del planeta y lo ha hecho de la mano de jugadores que ofreciendo las fichas han compartido momentos con personas de diferentes países y culturas. Y es que MOME es universal.

"Es impresionante lo que ocurre cuando no tienes ningún tipo de expectativa y te dejas sorprender por el camino que las fichas van haciendo en cada una de las personas con las que comparten tiempo", explica Eduardo. Por el momento "ha llegado a México, a Italia, a Nepal… y también ha salido de la Península para llegar a Canarias", comenta sorprendida María Ángeles.

"Nos hemos montado muchas historias acerca de los juegos, necesitando electricidad y conexión a internet, y un juego es un juego. Hay momentos en los que no se puede jugar a determinadas cosas en determinados sitios y MOME no gasta electricidad, no necesita una conexión a internet. Tiene determinadas esencias que lo hacen adaptable al entorno", explican.

Aprendizaje continuo

MOME lleva en torno a un año llegando a diferentes hogares. "Nos gusta ir muy lentos y muy conscientes. Estamos viendo la parte positiva de tener más tiempo para poder fijarte en las pequeñas cosas. Nos gusta saber a dónde llegan las fichas, cuál es la motivación del que las regala, y creo que estamos en una parte muy interesante con MOME, que otras distribuidoras de juegos no pueden conocer. Hay infinitas historias detrás de cada paso que da MOME", admite Eduardo.

"Estamos aun aprendiendo, encontrando la virtud de ir saboreando las sorpresas que nos van llegando como regalos por el camino. Es bonito y curioso que varias personas que han querido adquirirlo lo han hecho para regalárselo a otro. Es más fuerte la motivación de querer alegrar a otra persona que querer regalárselo a uno mismo", explica María Ángeles.

Por eso, a lo largo de este proceso de continuo aprendizaje las necesidades de los impulsores de este juego se han visto colmadas. "Muchas veces la gente piensa que solamente tenemos necesidades económicas pero cada persona tiene otro tipo de necesidades y nosotros las estamos cubriendo sobradamente. No las económicas, ya que en esta fase es complicado que regalando juegos se pueda conseguir, pero ahora mismo estamos cubriendo muchas de nuestras necesidades gracias a MOME. Es una de las grandes sorpresas que nos ha dado. Y para eso estamos creando un círculo de personas a las que de forma natural queremos regalar el juego. A través de relaciones, de crecimiento personal, de echarle cara a determinados problemas... Es no tener miedo a nada. Simplemente vamos a jugar", explica Eduardo. "¿Qué sucedería si determinadas cosas nos las tomáramos como si fueran un juego? ¿Si muchos jugadores decidieran darle una vuelta al hambre en el mundo o a la tala masiva de árboles? Jugar, sin pretensión de resolver. Si nos sirve para tener conciencia, para contar con pequeñas aportaciones o para contactar con grupos que ya están jugando a eso a lo mejor podemos tener una nueva manera de ver las cosas", plantea.

"Si cambias cualquier verbo por jugar puede que estés haciendo lo mismo pero el modo en el que lo haces es diferente porque lo afrontas desde la diversión, desde la no obligación, porque te apetece, desdramatizando, sin miedo", añade María Ángeles.

Nuevos juegos

María Ángeles y Eduardo están abiertos a cualquier aportación y a la creación de nuevos modos de juego. Por ello próximamente ‘esconderán’ un tetra brik con un juego en Cuéllar de la Sierra para que la gente lo encuentre, algo similar a la iniciativa literaria del crossbooking, que consiste en dejar libros en lugares públicos con el objetivo de que la gente se los lleve, los lea y los vuelva a dejar en otro lugar. "Y haremos el correspondiente post en nuestro Facebook para anunciarlo. Puede llamarse crossMOMing", comenta Eduardo. "Queremos trasladar la originalidad y los nuevos puntos de vista que nos ofrecen todas las personas. Eso es MOME. Nosotros vemos un potencial, y ese potencial necesita de otras personas. Todos podemos crear nuevos modos de juego, todos somos partícipes del proyecto, bien porque se aporta una idea o porque se juega en el modo que ha creado alguien", insisten.

Y es que para Ana, María Ángeles y Eduardo es muy importante divertirse "muy en serio". Toda una filosofía de vida que ya está presente en al menos un centenar de hogares gracias a MOME, gracias a la original iniciativa de esta familia.







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