Salud

Cada fumador genera un sobrecoste sanitario cercano a los 380 euros

Las patologías asociadas al tabaco son "crónicas, invalidantes y muy costosas" para las arcas sanitarias; dejar de fumar aumenta la productividad laboral un 4,5%.

Actualizada 25/01/2016 a las 12:33
Heraldo.es

El tabaquismo constituye uno de los principales problemas de salud pública de las sociedades avanzadas. Está comprobado que el consumo de tabaco produce enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares, respiratorias y diferentes cánceres. Las personas que fuman tienen peor salud que los no fumadores y presentan una mayor susceptibilidad a las infecciones de vías respiratorias altas y a la gripe. En consecuencia, "la morbilidad ocasionada por el tabaquismo genera un incremento del coste sanitario, ya que supone un mayor uso de recursos", según destaca la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ).

En este sentido, los pacientes con hábito tabáquico presentan mayores tasas de absentismo laboral, siendo las bajas laborales anuales más frecuentes y más prolongadas en pacientes fumadores que en no fumadores, según la investigación de Separ ‘Costes derivados del uso de servicios sanitarios y bajas laborales en pacientes fumadores: estudio en una comunidad urbana’. En este sentido descuella el dato de que un fumador presenta una media de cuatro días más de incapacidad laboral que una persona que no consume tabaco, concretamente una media de 11 días frente a los siete de alguien que no fuma.

Gasto añadido

El doctor José María Sierra, que lleva el programa de deshabituación tabáquica de Sacyl en Atención Primaria de Soria, confirma a HERALDO esta circunstancia al apreciar, "sin querer criminalizar a los fumadores", que las patologías provocadas por el consumo de tabaco son "crónicas, invalidantes y muy costosas" para las arcas sanitarias. Por lo que el uso de recursos es más elevado.

Al respecto, el estudio de Separ refleja que el coste sanitario anual en fumadores es de 848,64 euros frente a los 474,71 euros de media en quienes no tienen este hábito, lo que supone un sobrecoste del 44% (casi 380 euros).

El sobrecoste generado por los pacientes fumadores está directamente relacionado con la mayor utilización de los servicios sanitarios evaluados, el mayor consumo de fármacos de uso crónico y con el avance de los días de baja laboral por incapacidad temporal. Porque, de acuerdo a la investigación, "el hecho de ser fumador incrementa más del doble la probabilidad de ser una persona de elevado coste sanitario".

Cabe destacar que los pacientes exfumadores pueden generar más gasto sanitario que los no fumadores en los primeros cuatro años después de la cesación. Estudios publicados demuestran que este tipo de personas con menos de tres años sin consumo suponen un 46% más de gasto de hospitalización. Los de tres a 15 años un 22% y a partir de los 15 años el coste es similar a los que nunca han fumado.

En relación a los gastos indirectos, hay una evidencia consistente de que el tabaquismo incrementa tanto el riesgo como la duración del absentismo laboral. El estudio revela que el coste anual por incapacidad temporal y pérdida de productividad es de 2.253,90 euros en fumadores y de 1.434,90 euros en no fumadores, lo que supone un menoscabo 819,60 euros por parte de quienes tienen este tipo de hábito.

Evidentemente tiene otras recupercusiones profesionales. En pacientes exfumadores, tras el primer año después de dejar de fumar, se ha comprobado un aumento de la productividad laboral de un 4,5%, respecto a los trabajadores que continúan fumando.

Exposición pasiva

Según los últimos datos publicados, la prevalencia del tabaquismo en España es del 24% en mayores de 15 años. Sin embargo, el consumo de cigarrillos no afecta solamente a los fumadores. El tabaco también produce serias consecuencias en las personas no fumadoras que inhalan pasivamente el humo. "Aunque uno no fume, si permanece en un ambiente con humo también es nocivo para su salud porque el humo de tabaco es tóxico y, aunque el efecto no sea igual que en un fumador que consuma una cajetilla al día, quien lo inhala es como si fumara varios cigarillos", mantiene el doctor Sierra, quien observa que cuando se reformó la Ley del Tabaco en 2011 lo que se hacía era también "proteger en centros de trabajo y de ocio a las personas que no fuman".

El médico de Soria Norte hace alusión a estudios científicos que han demostrado que "los hijos de padres fumadores tienen más sinusitis y más asma debido al aire contaminado" que inhalan en su entorno. Porque el humo exhalado también contiene toxinas.

La decisión

Abandonar este hábito nocivo para la salud no es tan fácil, porque el fumador, como cualquier persona "dependiente de un tóxico" -porque "el tabaco no deja de ser una droga"- necesita esa sustancia a la que se ha enganchado en el día a día. Para ello, en Sacyl se dispone de varias actividades para ayudar en este largo y no pocas veces tedioso camino. Durante el año pasado fueron 3.562 las personas que acudieron a este servicio para abandonar el tabaco, en su mayoría hombres (2.164 frente a 1.398 mujeres). Son el 4,6% de las personas mayores de 14 años (77.512), edad en la que tradicionalmente se ha puesto el inicio el hábito, aunque ahora "se ha rebajado incluso a los 12".

El doctor Sierra explica que en el proceso de deshabituación tabáquica participan todos los profesionales del Área, tanto médicos como enfermeros, en la atención al paciente. Las actividades van desde la prevención hasta la ayuda cuando el fumador da el paso para dejar el tabaco. "Ante la detección, lo que hacemos es darle un consejo claro para dejar de fumar por los problemas de salud que acarrea y es el paciente quien decide". De todas formas, matiza, "no todo fumador está indicado" para el abandono, pues "tiene que estar en un estadío que sea el suficiente para dar el paso y decidir dejar de fumar".

Diferentes etapas

Y es que, el fumador pasa por varias fases, como enumera el especialista. La inicial es cuando se trata de un "fumador constante, que fuma y quiere seguir porque no cree que sea un problema para su salud". A estos se les hace una entrevista para intentar que cambien de estadío, aunque no siempre se les convence, es como una etapa de "precontemplación".

La de contemplación abarca cuando el consumidor de tabaco "ya tiene dudas, a alguien en su entorno al que le ha pasado algo, pero aún no se ha decidido a dar el paso". En esta fase es "muy importante trabajar desde Atención Primaria" para hacerle ver que la duda es porque realmente se trata de un problema importante que puede afectar gravemente a su salud. En esta fase "hay muchos que se estancan" y se trata de pacientes con los que es "muy difícil trabajar" y hay que hacerlo intensamente. A veces la insistencia "es contraproducente, porque provoca rechazo", así que la labor de los profesionales en este momento es crucial.

La fase de preparación es cuando, tras tener las dudas, ya "ha decidido" deshacerse de su hábito. Entonces, los profesionales de Atención Primaria le explican "el proceso y los síntomas que va a experimentar al dejar de fumar, como el ‘mono’, las necesidades físicas y psicológicas". En este momento "decidimos cómo le ayudamos, ya no son simplemente consultas; esperamos ampliar el abanico de posibilidades al año que viene". Otros deciden hacerlo "ellos solos", así que se les indican páginas web en las que "existe ayuda", también "colaboramos con la Delegación Provincial de la AECC, donde también hay un programa activo y lo hacen muy bien" y está en mente en un futuro a medio plazo "poner en marcha grupos de apoyo entre fumadores vía Whatsapp coordinados por un psicólogo colaborador".

Finalmente está la fase de acción, el "denominado Día D en el que se deja de fumar". A partir de ahí el paciente realiza "una serie de visitas" en las que se desarrolla un seguimiento del síndrome de abstinencia, entre otras cuestiones.

Porque después también está el "síndrome de recaídas". "El que pasa del año es difícil que recaiga, pero entre los tres y los seis meses sin consumo el paciente cree que lo tiene controlado, ha dado el paso y pierde miedo al tabaco", es el llamado "período de luna de miel", precisamente donde "la mayoría recae", sobre todo cuando hay reuniones sociales.

Otra de las ayudas es la medicación, "al menos para aliviar los síntomas iniciales", aunque el doctor razona que los fármacos "no hacen que se deje de fumar: deja de fumar la persona; la medicación ayuda a nivel psicológico y tranquiliza, porque inhibe la sensación de necesidad de nicotina".

El camino es duro porque un fumador puede tener "entre tres y cinco intentos, como mínimo", antes de abandonar el hábito; es "frustrante para todos". No obstante, "va a ser un fumador toda la vida, un fumador que no fuma". "Una persona que ha fumado, si fuma un cigarrillo puede volver al tabaquismo; alguien que no ha fumado y lo hace un día, no".

"Desnormalizar" el consumo

En España, a pesar de las medidas puestas en marcha en los últimos años, una de cada siete muertes ocurridas al año en individuos mayores de 35 años es atribuible al consumo de tabaco. La financiación pública del tratamiento del tabaquismo puede ser una medida para contribuir a medio plazo en la reducción de costes sanitarios y sociales relacionados con el tabaco, según Separ.

Para el doctor Sierra la actividad más importante es "la prevención, intentar que un adolescente no empiece a fumar", máxime cuando "el primer contacto con el tabaco ya se ha rebajado a los 12 años". "Es un trabajo básico de la sociedad", mantiene y por eso considera que, pese a los avances, aún se necesita mayor toma de conciencia. Es lo que se llama "desnormalizar" el consumo de tabaco.







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