Solidaridad

Cinco jóvenes viajan a El Salvador para cooperar en un proyecto de la ONG Tierra Sin Males

Los voluntarios trabajarán con el equipo de Corbes, una ONG radicada en el país y vinculada a la soriana

Julia Laborda Abadía Actualizada 25/07/2016 a las 13:04
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De izquerda a derecha: Eduardo Lallana, Ana, Josué, David, Cristian, Mercedes y LuisLuis Ángel Tejedor

"Aprender" es el primer consejo que el presidente de la ONG soriana Tierra Sin Males, Eduardo Lallana, ofrece a los participantes de las nuevas ediciones de los programas de cooperación que se organizan en Castilla y León, que partirán durante las próximas semanas a El Salvador, concretamente a Suchitoto, Tenancingo y Cinquera.

Tres programas diferentes, pero un mismo destino para cinco jóvenes de distintos campos de trabajo que, sin embargo, tienen una misma labor en el terreno: prestar su ayuda en el proyecto de soberanía alimentaria. Ya es el tercer año consecutivo que Tierra Sin Males envía jóvenes a El Salvador, donde se encuentra Corbes, una ONG natural del país con la que la soriana mantiene un estrecho vínculo. "Es extraordinaria y está muy bien organizada", puntualizó Lallana durante la presentación que ayer se hizo de los voluntarios. "Nació en 1988 para ocuparse de los refugiados que llegaban de la guerra" y aún sigue activa, poseyendo delegaciones en varias ciudades españolas, aunque solo se mantengan efectivas las correspondientes a Soria y Burgos.

Josué y Ana son ingeniero agrícola y trabajadora social, respectivamente. Son ellos los seleccionados para el programa ‘Jóvenes Solidarios 2016’ que organiza la Junta de Castilla y León y que disfrutarán de una estancia de "dos o tres meses" en las tres colonias de El Salvador.

David y Lucía, ambos estudiantes de la UVa, son los que a través de la Universidad han conseguido la oportunidad de viajar al país y cooperar en el proyecto que se lleva a cabo desde el pasado 15 de diciembre. Permanecerán en El Salvador durante ocho semanas. La especialidad de David es la Arquitectura, y la de Lucía, la Ingeniería industrial.

La última cooperante es Mercedes, funcionaria de la Junta de Castilla y León en el departamento de Familia e Igualdad de Oportunidades. Ésta logró la plaza tras el rechazo de la primera elegida: "Yo conseguí plaza en otro lugar, quizá más atractivo, ya que la chica que la rechazó lo hizo por miedo. Hay cierto peligro, pero tomando las precauciones necesarias no hay por qué tenerlo".

Los trabajos a los que los cinco jóvenes se unirán consisten en capacitar a las mujeres propietarias de las tierras, ya que "existe un alto grado de machismo", pues esta labor pretende empoderar a las mujeres. Se les da "400 plantines" para que los planten y obtengan su propio producto". Además, también se les proporciona un gallinero con 25 gallinas y un gallo "con el compromiso de que cada mujer debe ofrecer una pollita a otra mujer", creando así un efecto multiplicador. En capacitación agrícola se les enseña "temas de plagas, abonos, entre otros". Y uno de los más importantes, la capacitación en derechos humanos. "No es darles algo de forma caritativa, es potenciar que ejerzan sus derechos", explicó Lallana.

Mujeres empoderadas

El objetivo principal es la soberanía alimentaria, un proyecto que "mejora la alimentación familiar, y además las mujeres sacan algún dinero". El 60 ó 70% del producto que sale tanto de los huertos como de las gallinas es para consumo propio, el resto se vende en el mercado. Es una manera de empoderar a las mujeres y que sean ellas las que entren el dinero en casa. Las charlas contra la violencia de género están dirigidas tanto a hombres como mujeres, sin embargo, "son pocos los hombres que acuden a ellas", el machismo está muy extendido en la sociedad de allí. Las consecuencias que esto conlleva son que solo una parte de la ciudadanía, en este caso las mujeres, son las únicas que se mentalizan de la igualdad de género, quedando la otra parte, y quizás la más importante, con una idea permanente de su superioridad.

Para entrar en el proyecto las mujeres deben poseer tierra propia, por tanto, son las adultas las que tienen la oportunidad de realizarlo. Las niñas son indirectamente tratadas, pues "si se enseña a sus madres en contra de la violencia de género" ellas serán partícipes del cambio en el hogar y la posterior igualdad entre el padre y la madre.

Además, el presidente de Tierra Sin Males ofreció un consejo a los futuros cooperantes: "No vais a enseñar nada, vais a aprender. Quitaos de la cabeza que venís del Primer Mundo y vais a llegar al Tercer Mundo, porque no es lo que se pretende. Ellos son autosuficientes, debéis ir con actitud de no molestar. Ver, oír y hablar poco. Observar, aprender y colaborar en algunas cosas, eso es lo que tenéis que tener presente. El objetivo principal de este tipo de proyectos es la sensibilización".

Un miembro de la ONG en Burgos, Luis, añadió a las declaraciones de Lallana que "en la cooperación se ha cometido muchas veces el fallo de pensar que se va a cambiar el mundo", y no es así. Este tipo de experiencias sirve tanto de terapia para los naturales del país de destino como un modo de sensibilización y aprendizaje para los allí enviados. Ya que como apostilló David, "la Universidad no nos ayuda a tener una visión universal, digamos que nos forma para ser ‘máquinas’".

Durante la presentación de los participantes, Lallana expuso diversas declaraciones de las voluntarias que realizaron el mismo viaje el pasado año. Isabel de Pablo, Alba Alonso y Laura García fueron las tres jóvenes que colaboraron en el proyecto. "De mi experiencia me llevo cada momento compartido con las personas de allí, me quedo con su humildad", escribió Alonso tras su llegada. "Este tiempo me ha ayudado a comprender la importancia de la cooperación internacional", prosiguió. Palabras que animaron a los que ya cuentan los días para llegar a ese país que les abrirá los ojos para ver más allá de lo que aquí, en España, puede observarse. Descubriéndoles un mundo nuevo, otro estilo de vida y sobre todo esa "humildad" de la que hablaba Alonso.


Tierra Sin Males

El nombre de la ONG soriana, que nació en el año 2000, proviene del mito precolombino de un sueño con una ‘tierra sin males’. Cuando Colón conquistó América se creó un gran sufrimiento entre los ciudadanos del continente. "Es un poco ese sueño, el de conseguir una tierra sin males", un lugar donde se deje de lado el dolor. "Es un mito como el de la igualdad y la fraternidad de los franceses", ejemplificó Lallana.

En esta organización cree íntegramente en la utopía, "si no somos utópicos, ¿qué hacemos aquí?, las ONG debemos ser un oasis de utopía, de libertad y de humanismo", terminó manifestando Lallana. Ésta realiza trabajos de cooperación al desarrollo, construcción de la interculturalidad y de sensibilización social en diferentes países.







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