Tradición

La dehesa comunal de Almarza y San Andrés de Soria, a por los siete siglos

El frío intenso no resta afluencia al traslado del arca en una jornada que contó como invitado con el periodista Javier Pérez Andrés.

Efe. Soria Actualizada 07/01/2016 a las 17:36
El frío intenso no restó afluencia al traslado del arca, una tradición con 700 años de historia que ha permitido a Almarza y a San Andrés conservar conjuntamente una dehesa comunal. Ascensión Pérez, la alcaldesa, propuso ayer incluir documentos actuales en el arca.

Los vecinos de Almarza y San Andrés de Soria han cumplido este miércoles, un año más en la festividad de Reyes, con el traslado del arca, una tradición con casi siete siglos de historia que ha permitido conservar conjuntamente y de forma sostenible una dehesa comunal.

El periodista Javier Pérez Andrés, invitado en esta edición, ha subrayado que el traslado del arca que desde hace casi siete siglos celebran estos dos municipios sorianos es cultura "con mayúsculas" y ejemplo para que otros territorios aprendan a llevar los pleitos y los documentos.

Pérez Andrés ha recordado en su discurso en el paraje Canto Gordo, límite de los dos términos municipales, que durante mucho tiempo en los pueblos de Castilla y León las dehesas boyales eran del marqués, en lugar de los vecinos.

El periodista ha resaltado que el arca simboliza la unión de dos pequeños territorios y no es un invento de las instituciones sino una seña de identidad.

"¡Qué pena que no podamos llevar el arca a algunas esquinas de España para que aprendan como se puede llevar bien los documentos, los legajos y los pleitos de una tierra!", ha exclamado.

El periodista ha señalado que ejemplos como el de Almarza y San Andrés de Soria sirven para alegrarse de una tradición y recordar que merece la pena seguir defendiendo los bosques en la Comunidad autónoma, una de las masas forestales más amplias de Europa. "Merece la pena la cultura, la que nos hace sentirnos de un lugar y diferentes a los demás", ha resaltado.

Por su parte, la alcaldesa de Almarza, Ascensión Pérez, ha planteado en su discurso que se introduzca en el arca más documentos relacionados con su gestión, como aprovechamientos cinegéticos, micológicos y maderables, después de medio siglo sin hacerlo, al ser ésta una tradición viva.

"Como alcaldesa propondré a la corporación y a los vecinos que sigamos introduciendo la historia en el arca", ha avanzado.

Pérez ha señalado que seguirán perseverando para conseguir la declaración de esta tradición como fiesta de interés turístico regional, por cumplir con criterios como la originalidad, la permanencia en el tiempo. "Sólo nos falta traspasar las fronteras locales", ha apostillado.

Esta tradición rememora un contencioso secular mantenido entre estas dos localidades asentadas a los pies del puerto de Piqueras, al norte de la provincia de Soria, posiblemente por el uso de pastos en las dehesas colindantes.

Cuando se dio por zanjado el pleito, un arca con dos cerraduras conserva desde entonces pergaminos, ordenanzas y privilegios.

Los años impares corresponde su custodia a San Andrés de Soria y los pares a Almarza, hasta el 6 de enero, Día de Reyes, fecha en que los vecinos de ambos pueblos se encuentran, como han hecho de nuevo este año, en el paraje de Canto Gordo, situado a la misma distancia de ambas localidades y donde todos -en número próximo a los trescientos vecinos- han comprobado que los documentos están en perfectas condiciones, antes de volver a cerrar el arca, quedarse cada uno con su llave y conducir el arca a buen recaudo para su custodia durante un año.

El arca de roble, según el inventario realizado en el año 2002 por el Archivo Histórico Provincial de Soria, contiene 107 documentos y cuatro sellos de plomo pertenecientes a los cuatro reyes que concedieron los privilegios sobre la gestión de la dehesa de la Mata y la propiedad de la ermita de los Santos Nuevos y que figuran en sus correspondientes legajos.

El documento más antiguo, fechado en el año 1329, es el primer privilegio dado por el rey castellano Alfonso XI, por el que cedía el uso exclusivo de una fértil dehesa -la de la Mata- a los pueblos de Almarza, San Andrés de Soria, Cardos y Pipahón -éstos dos últimos ya desaparecidos-, como premio a los hombres de estas tierras que le acompañaron en la batalla y demostraron su nobleza y lealtad.

La diferencia entre las dehesas boyales y la de la Mata era que ésta sólo podía ser explotada por los vecinos de los cuatro lugares.







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