Despoblación

Los habitantes de Armejún abren las puertas del pueblo a nuevos vecinos

Han conseguido contar con suministro de agua y disponen de placas solares

S. I. Belled Actualizada 13/03/2016 a las 22:46
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Los habitantes de Armejún hacen un llamamiento para encontrar a algún compañero (o ‘compañerx’, el término que suelen utilizar para hacer menos incidencia si cabe en el sexo de la persona) que quiera unirse al proyecto comenzado en 2013 para recuperar del olvido este despoblado de Tierras Altas, que ha visto cómo en los últimos meses se han marchado dos de los cinco jóvenes que ocupaban el pueblo y trabajaban para su restauración.

"Tendrían que ser personas comprometidas, que se hagan a la idea de que vivir en un pueblo como este supone cosas buenas y malas y, sobre todo, que sean conscientes de que no va a ser una solución en la vida para nadie", explica Olalla, una joven licenciada en Derecho que vive desde marzo de 2014 en el poblado junto a Dave y Rubén, los primeros nuevos pobladores.

No se rigen por reglas muy estrictas, más allá de establecer unos turnos de limpieza en la zona de la cocina -ubicada en la casa común o ‘casa 1’- o algunas tareas específicas. Y en la misma línea no es que quieran proponer unos requisitos como tal, pero la convivencia y el bagaje que todos ellos acumulan les lleva a "aconsejar", al menos, acerca del perfil de los futuros habitantes.

"Nosotros estamos muy bien, tenemos una vida que queríamos y vivimos muy a gusto, pero la realidad es que aquí la vida es dura, tanto por el clima como por el trabajo físico que requiere la restauración", continúa Olalla. Ya no es solo el tener ganas de participar en el proyecto, sino "saber cuándo parar y también encontrar actividades que te gusten, para desconectar", aclara. Haga sol, viento, llueva o caigan los algarazos que empaparon a redactora y fotógrafo a mediados de la semana pasada mientras recorrían a pie los tres kilómetros que separan el pueblo de la carretera que une Enciso y Cornago. Todos los días son de trabajo para los ahora habitantes de Armejún, aunque sin horarios y, a pesar de lo anterior, también sin calendario.
 

La autosuficiencia como meta

Con el objetivo de ser "un pueblo autosuficiente", aunque todavía lejos de ese fin, son conscientes de que necesitan dinero para vivir e invierten cada mes en un fondo común 120 euros. A lo que se añaden los pequeños ingresos comunes de los mercadillos artesanales a los que acuden y de la venta de productos en el pueblo a las visitas, sobre todo en verano. En cualquier caso, ese dinero no se destina al sustento de los pobladores, sino que se guarda para el mantenimiento de los dos coches, que emplean para viajar a las localidades cercanas y realizar las tareas más básicas, como comprar.


No pueden ofrecer un trabajo, de hecho "en los alrededores es difícil encontrarlo", detalla Rubén. Nada más abandonarse los pueblos de la zona se construyó una pista forestal que los unía y Armejún, hasta donde se puede acceder desde la LR-286 tras realizar un camino a pie de unos tres kilómetros, continúa separado de San Pedro Manrique por 25 kilómetros de pista forestal, siempre en 4x4. Es decir, salir a trabajar día sí y día también en pleno invierno se haría "como poco complicado, por no decir imposible esos días en los que la nieve llega al metro de altura". Instalador de profesión, Rubén decidió durante su periplo en Amsterdam que "no necesitaba mucho para vivir" y terminó, después de conocer a Dave en Valencia, en Armejún. "Cuando llegamos el primer día los miembros de la Asociación de Amigos de Armejún, que estaban en el centro social que habían reformado (la antigua escuela a los pies del pueblo, junto al frontón también rehabilitado), nos abrieron sus puertas y nos dejaron dormir allí", rememora Rubén, a la par que pone en valor "todo lo que han avanzado" en estos años, "desde los colchones en el suelo hasta tener una habitación confortable" o "una cocina en condiciones". Cuando llegaron, las zarzas habían ocupado el espacio que antaño pisaban los habitantes del entonces poblado y muchas de las viviendas, algunas ya mejoradas por la asociación, aguardaban su triste y largo final desmembradas a los pies de sus cimientos.


En la actualidad ya son varias las casas que han rehabilitado, aunque son dos -la que usan como cocina y comedor y la de los dormitorios- las que emplean a diario. De ninguna de ellas son propietarios, sino que se trata de cesiones de los dueños. Un hándicap que no resta ambición a futuros proyectos de estos pobladores.
 

Despoblación y asociación

Mientras que en 1900 eran 345 los ayuntamientos que comprendía la provincia divididos en cinco partidos judiciales (Ágreda, Almazán, El Burgo de Osma, Medinaceli y Soria), en la actualidad suman 183 municipios y se han reducido a tres los partidos judiciales: Almazán, El Burgo de Osma y Soria. En el camino quedaron muchos pequeños pueblos que acuciados por la falta de infraestructuras y de algunos servicios básicos quedaron despoblados.

En este caso, cada uno de los tres pobladores actuales suma varios años menos de los que hace que Armejún quedó sin gente, en torno a finales de los años 60 y debido en gran parte -aunque no solo- al plan de repoblación forestal del antiguo Icona (Instituto para la Conservación de la Naturaleza). De hecho, vinieron al mundo más cerca de ese momento en el que la Asociación de Amigos de Armejún -gran impulsora de la recuperación del pueblo- comenzó a poner en valor el municipio en el que habían nacido y vivido. Fue en 1991 cuando se creó la asociación, pero ya unos años antes, en 1985, algunos antiguos habitantes se reunieron en el pueblo en San Bartolomé, el 24 de agosto, para volver a festejar al que fuera uno de los patrones del municipio. Hoy en día, no obstante, no vive allí ningún oriundo de Armejún, ni de Soria siquiera.

Y aunque sí que los antiguos habitantes se reúnen varias veces al año para trabajar juntos en la restauración del pueblo, son una madrileña, un barcelonés de raíces (y acento) granadinas y un belga los que se emplean todo el año, entre la soledad que rompen algunas visitas esporádicas de amigos, curiosos o interesados en el proyecto. Ese aislamiento, un punto a favor en muchas ocasiones para los pobladores, puede ser en algunos momentos también un hándicap, ya que en Armejún, aunque solo sea por la imposibilidad física de moverse, "no se puede huir" y los problemas hay que afrontarlos en la convivencia del día a día. Por ello, la empatía y la conexión entre los pobladores actuales y los posibles nuevos habitantes han de ser completas. Tanto al menos como lo ha sido entre estos y la Asociación de Amigos de Armejún con quienes celebran San Bartolomé cada agosto con una liguilla de pelota, un campeonato de mus, encendiendo el horno de pan y realizando las típicas ‘rondas’, en las que cada vecino abre las puertas de su casa para hacer de anfitrión al resto.
 

Waldo y el resto de habitantes

Desde 2013 han sido muchas las incorporaciones que ha sumado el pueblo y ahora Olalla, Rubén y Dave viven junto al mulo Waldo, dos canes, siete gatos y otras tantas gallinas. Todos cuentan, y mientras Rubén hacía la comida en la reformada cocina el pasado miércoles se preocupaba de guardar los restos en distintos recipientes para cada uno de los animales. Nada se desperdicia, ni el alimento, mucho proveniente de sus propios huertos, ni la electricidad que transforman unas placas solares, ni el agua, que transporta una bomba de ariete construida por Rubén y que ‘levanta’ el valioso elemento unos 40 metros pueblo arriba desde la fuente. Tampoco se desperdicia el tiempo y tras la "triste marcha" de Jaime y Lorena, por temas personales, los tres pobladores vuelven a hacer más hincapié si cabe en la búsqueda de nuevos vecinos.







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