Tradición

Almazán vive un Zarrón muy emotivo con la tradición de golpes y danzas

La villa adnamantina rinde devoción a San Pascual Bailón y a su Cofradía, que cumple 200 años sustentando los festejos.

Efe/heraldodesoria.es Actualizada 17/05/2016 a las 17:40
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Almazán ha rendido este martes devoción a San Pascual Bailón y a la Cofradía que sustenta desde hace doscientos años la fiesta de los Zarrones.

Almazán ha rendido este martes devoción a San Pascual Bailón y a la Cofradía que sustenta desde hace doscientos años la fiesta de los Zarrones, un ritual de origen pastoril que gira en torno a tres personajes burlescos y estrafalarios.

La villa adnamantina ha revivido con particular emoción la misa celebrada en la iglesia de San Pedro y la posterior procesión en la que, una vez concluida, los Zarrones han vuelto a protagonizar todas las miradas de los asistentes, con sus carreras y sus "zambombazos" a los jóvenes más atrevidos.

El presidente de la Cofradía de San Pascual Bailón, Andrés Esteban, ha resaltado la importancia de haber llegado a cumplir 200 años de tradición, heredada por sus padres y abuelos.

La Cofradía cuenta actualmente con más de 1.700 socios, aunque apenas uno es actualmente pastor, lejos de los orígenes donde los pastores fueron sus promotores. "Es una tradición de padres a hijos y todos se apuntan en cuanto nacen", ha declarado.

Mario Salváchua, Isidro Esteban y Carlos Hernández han representado "con orgullo" el papel de Zarrones, "una fiesta arraigada en Almazán".

El alcalde de Almazán, José Antonio de Miguel, ha señalado que 200 años no se cumplen todos los días, tras fundarse la Cofradía de San Pascual Bailón en 1816, "cuando todavía estaban las ascuas calientes de echar a los franceses, que quemaron hasta tres veces Almazán".

Para De Miguel, los símbolos que portan los Zarrones, con sus sombreros con plumas de buitre y colas de zorro, no son solo para ahuyentar las bestias del ganado sino que si hubiesen podido también "hubiesen dado con esa zambomba a los franceses".

La Cofradía de San Pascual Bailón ha vivido su día grande pero ha organizado más actividades durante todos los meses de 2016 para conmemorar su bicentenario. En abril la Cofradía acudió al pueblo de Torrehermosa (Zaragoza) donde nació San Pascual Bailón y hoy se han colocado más de quinientos dibujos de alumnos adnamantinos en la plaza Mayor con motivos del Zarrón.

Además, en el recorrido del Zarrón, el Ayuntamiento de Almazán ha agradecido su labor a la Cofradía con la inauguración de una escultura en bronce de un Zarrón, obra de Miguel Isla. "El Zarrón es historia, tradición, colorido y diversión", ha resumido De Miguel.

Asimismo, la Cofradía ha recuperado el baile del "Milanazo" que estrenará el próximo mes. Hace dos siglos, en Almazán y su comarca, sus habitantes vivían de la ganadería, la agricultura y la alfarería.

La labor de los Zarrones

La función original de los Zarrones era controlar a los jóvenes que molestaban a los cofrades en la procesión en honor a este santo zaragozano (1540-1592) que fue pastor desde los siete años y que vistió el hábito franciscano en su juventud.

Los Zarrones representan a los pastores que cuidan el rebaño, representado por los danzantes, y visten recordando a los antiguos pastores de la zona, con zamarra de piel, zahones o calzones de cuero marrón, polaínas y albarcas.

Un sombrero ancho cubre su cabeza, tocado con plumas de buitre o águila y rabos de zorro colgando por la parte posterior.

En la mano llevan una zambomba o garrote unido por una cuerda a una funda alargada de lona o de cuero rellena de lana y portan también una colodra -cuerno de buey con tapadera de plata- en la que conservan la soparra, pan remojado en vino con azúcar y canela.

Los Zarrones, voluntarios de la Cofradía de San Pascual, han vuelto a realizar este martes muchas carreras persiguiendo a los jóvenes y pegándoles con sus zambombas, uno de los momentos más esperados durante el año en Almazán de esta fiesta declarada de interés turístico regional en el año 2000.

Todos ellos lucen barba recordando la figura del pastor que se afeitaba cuando llegaba a sus casas, después de largas temporadas fuera de ella.

Para el investigador soriano que ha analizado con mayor profundidad este rito, José María Martínez Laseca, los Zarrones tienen connotaciones hechiceriles y parecer encarnar "fuerzas mágicas e irracionales".







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