Sociedad

La ciencia social que todos leen

La criminología aún no tiene hueco en el mercado laboral español, aunque la sociedad está familiarizada con ella por los medios o la literatura

Actualizada 09/04/2015 a las 13:07
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Clara Atienza, criminóloga, participa en una investigación sobre prisiones de la Universidad Pompeu Fabra.Mariano Castejón

Seis años duró la investigación de Truman Capote, el periodista que consiguió, en 1966, mostrar el lado humano de dos asesinos en una novela, ‘A sangre fría’, que ha pasado a la historia como un perfecto ejercicio periodístico, pese a su formato literario. El objetivo, superado con nota, de mostrar los turbadores efectos que provocó el asesinato de la familia Clutter en una pequeñísima localidad de Kansas, convertía entonces a Capote en el altavoz de la moderna criminología, una ciencia "empírica e interdisciplinar" que no es sino "una ciencia social" si la tiene que definir un criminólogo.

"Estudia el delito y la criminalidad, el por qué del delito. La base es histórica y ha ido avanzando hasta hoy preocupada por el ser humano, cómo se convierte en delincuente y por qué", asegura Clara Atienza (Soria, 1992), criminóloga recién llegada de Washington, donde ha realizado prácticas en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

La criminología se ocupa del delito, del delincuente y de la víctima, pero también de la investigación policial, de la pericial, de los tribunales de Justicia y las prisiones..., y siempre dentro del entorno social donde se comete y desde el que, en ocasiones, se explica el delito. Las reacciones sociales cierran ese círculo, un tanto macabro, del que la sociedad no es ajena porque lo consume con fruición, bien a través de los medios de comunicación, bien a través de la novela negra o policiaca que, en la actualidad, experimenta un repunte frente a la histórica, tan consumida en los últimos años.

Pero la criminología no siempre ha sido descrita así. Ezechia Marco Lombroso, considerado ‘padre’ de esta ciencia, la limitaba, allá por el siglo XIX, al estudio de la persona del delincuente.

"En los orígenes, la criminología sí que tenía que ver con las características del individuo, con sus rasgos biológicos incluso, pero esto queda muy lejos. La nacionalidad, por ejemplo, no deja de ser hoy un factor como la altura o el color de los ojos", explica Atienza, que ha vuelto a Barcelona donde participa como técnica de soporte a la investigación en el estudio que realiza la Universidad Pompeu Fabra sobre la calidad de vida en prisiones. Una investigación que la ha llevado ya a la de Brians, donde ha entrevistado a alguno de sus 1.300 internos y la ‘encerrará’ desde este mes de abril en la de Quatre Camins, también en Barcelona.

Aunque las prisiones españolas nada tienen que ver con las de Estados Unidos donde, "se conoce más el sistema, el sistema ‘de la inflación’", explica la soriana, no sin antes detallar cómo encontró allí "un entorno de trabajo con gente muy concienciada, muy humanitaria, de lucha social, pro derechos humanos, aunque he visto allí denuncias que aquí son impensables".

Y es que la criminóloga lidió al otro lado del Atlántico con causas de presos de todo el continente americano. La CIDH se presenta como "un órgano principal y autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA) encargado de la promoción y protección de los derechos humanos". Y siempre bajo el principio ‘pro homine’, "según el cual la interpretación de una norma debe hacerse de la manera más favorable al ser humano".

"Mira que yo critico el sistema penitenciario español...", reconoce Atienza, "pero allí hay unas situaciones de denuncias, de vejaciones, de torturas que aquí no se ven, la situación no es comparable. Yo tenía denuncias de todo el continente americano, de Méjico... y luego está la pena de muerte...".

La investigación en la que hoy participa la criminóloga -pionera en este país aunque ha saltado ya a Granada y aspira a extenderse a toda España- intenta dar un paso hacia delante en las cárceles españolas, donde "hemos avanzado bastante, aunque hay cosas que solucionar". El proyecto no surge a iniciativa de ningún gobierno, es una propuesta privada con apoyo institucional. Está costando mucho. El acceso a la prisión es complicado. Vamos a entrevistar, hacemos una muestra ‘x’ de internos y los entrevistamos, pero teníamos interés en entrevistar también al personal, desde directivos a la vigilancia, pero no ha sido posible", se lamenta.

El objetivo es mejorar el sistema, algo que pasa también por la implicación de la sociedad que hoy debate en España cuestiones como la prisión permanente revisable para determinados delitos. "Un atraso", en palabras de la investigadora que la considera, como muchos críticos, como una cadena perpetua encubierta. "No hay más poder que el solicitar la revisión sin garantía alguna de obtenerla. No tiene mucho sentido. Algunos lo explican desde el incremento del terrorismo, pero tanto ETA como el yihadismo son terrorismo, pese a la carga religiosa del segundo. Parece que el fenómeno terrorista se nos ha olvidado un poco en España", considera.

El uso del terror como elemento de coacción es uno de los campos -al alza- de los criminólogos, que también tienen un extenso campo profesional en la investigación y análisis de terribles sucesos como el accidente de Germanwings en los Alpes franceses, en los derechos humanos, pero también en los delitos cibernéticos, los de género, en el fraude fiscal ["Va a ir en auge y es muy difícil de combatir, estamos muy pez", cree] o en la corrupción política, "muy difícil de frenar porque el control depende de ellos mismos, de los partidos y si el brazo de control está podrido...", reflexiona Clara.

Pese a la gran y potencial carga de trabajo, "en el mercado laboral español la criminología todavía no se ha hecho un hueco. En prisiones, por ejemplo, no existe el puesto de criminólogo, sino que está asociado a jurista. Tienes que tener el título de derecho para poder opositar". De ahí que la soriana simultanee su participación en la investigación sobre calidad de vida en las prisiones, con el estudio del grado en Derecho. "Es el problema de España en este campo. Muchos tiran hacia la abogacía, como penalistas. Criminología tiene mucho derecho penal: el vocabulario, el manejo a la hora de leer sentencias... viene muy bien estudiarlo, sí, pero no es eso", explica.

Castigo y carga social

Y no lo es. La criminología alardea de ciencia social, presta atención al ser humano y a su comportamiento, aunque delictivo. Y por eso los menores tienen un lugar especial en ella: "Ahí empieza un poco todo. Muchas de las historias que recogemos en prisión empiezan con crímenes de bagatela: eso de ‘me junto con mis amigos y vandalismo por la calle’. Ahora hay también mucho de manifestación, con vinculación política. A la mínima ya tienes antecedentes. Empiezas y sigues y escalas...". La entrada en el ‘sistema’ te marca y hace imposible la socialización, tan pretendida en educación. "El castigo es la expulsión, ése el castigo. Luego no puede haber más carga social; es como en el colegio, te expulsan, vuelves y no debieras tener etiquetas, pero te marcan", reconoce Clara, que vuelve a repasar en su conversación los elementos que convierten esta ciencia en un complicado arte.

"Todo influye, todo, desde la educación, el entorno familiar que es piedra angular, la escuela, los amigos, el grupo social hace muchísimo, los recursos, el poder adquisitivo de los padres, las oportunidades del país de nacimiento...", hasta una pequeña equivocación al volante o en las cuentas de una pequeña empresa. "El paso de un sitio a otro [de la calle a la prisión] no es tan grande como creemos", advierte Clara, que considera que muchos de los internos no son sino "gente que se ha equivocado".

Quizá esto explique el interés que la novela negra suscita hoy en España, donde ha desbancado ya a la histórica. Según los datos que manejan los editores españoles, sólo Stieg Larsson reinaba hasta 2012. Su trilogía ‘Millenium’ (2005-2007) fue capaz de competir con el fenómeno de 2011, de nombre ‘Cincuenta sombras de Grey’. Y ni Soria ha escapado a la tendencia más negra, según el librero y crítico, César Millán, que se confiesa un gran amante de este género porque "engancha". Desde la librería Las Heras, Millán reconoce el "repunte" experimentado por este tipo de lectura, en los últimos años desbancado por la novela histórica. Pero "vuelve la negra", se congratula el también columnista de HERALDO.

Es interminable la lista de consagrados novelistas adalides de este género. A nombres conocidísimos como Arthur Conan Doyle, Chesterton, Agatha Christie, Raymond Chandler o Patricia Highsmith se suman otros recogidos en el portal de la Biblioteca Nacional de España (bne.es) que rinde homenaje a "los géneros policíaco y negro", de los que destaca su carácter "extraordinariamente prolífico" y su capacidad de evolución "hasta no parecerse en absoluto a lo que fueron en sus inicios".

También la criminóloga soriana confiesa haber cambiado a medida que profundiza en su campo de estudio. "Cuando llegué era de las de cárcel y cárcel, pero ahora es más complicado, muy difícil. Antes veía un margen determinado, pero ahora veo mucho más y me cuesta más adoptar una postura. Me parece más difícil sentenciar, hay tantos factores... La experiencia de hablar con gente que ha cometido un delito es muy enriquecedora", asegura Atienza, que reconoce que el ambiente carcelario le ha llegado a condicionar el humor. "Los primeros días supusieron un ‘shock’, sí. Es un ambiente absorbente. La arquitectura no se estudia en la carrera y se debería porque es muy importante. Una prisión es agobiante: espacios muy grandes y fríos condicionados por la seguridad y la antigüedad de muchas de las instalaciones. Yo he entrevistado con abrigo. Pero hay cosas que se podrían cambiar", cree.

Y confiesa que su terapia es escribir: "Descargo escribiendo más notas que las necesarias para la investigación". Una revelación que, en entrevista para un medio, lleva a una pregunta obligada. ¿Cómo tratamos los medios de comunicación a su profesión? "Es una relación complicada -explica-, no se pueden dejar al margen desde ninguna disciplina y podrían ser buenos aliados. Como formadores también, no de prensa sin contenido sólo con el objetivo de llenar páginas, sino desde la responsabilidad".

Su crítica viaja en un doble sentido. Por un lado, el uso del lenguaje, empezando porque "lo del presunto no se ha aprendido aún, es polémico. No es presunto el delito, sino el delincuente". Por otro, el morbo: "Se usa a la víctima y la victimización secundaria con el recurso del dolor, del llanto... Es el recurso al morbo". Y usa el reciente accidente aéreo en Los Alpes para ilustrar su afirmación: "No hay necesidad de copar 20 minutos del telediario en todas las cadenas durante días y días, exponiendo a las víctimas, a los psicólogos... No es necesario. Eso es devastador".




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